
Babasónicos estrena nuevo álbum.
Siempre parece reinar el buen clima en la
intimidad babasónica; una atmósfera de cálida y medida
inteligencia, una agradable tranquilidad que se impone. De hecho,
no hay prácticamente nada en el ejercicio de sentarse a charlar con
los miembros de esta banda argentina que ya lleva más de 15 años en
la ruta, que haga recordar, siquiera por un instante, que estos
mismos tipos sencillos y treintañeros, que filosofan con intensidad
y disfrutan de una entrevista como si fuese una tertulia, son los
mismos que practican ese explosivo divismo escénico con el que tan
fácilmente uno se embriaga en cualquiera de sus shows.
Quizás, ellos mismos lo explicaron mejor que nadie en esa frase de "Infame" (2003), el disco que dio vuelta la página en la historia del grupo y les garantizó un ticket en la (auténtica) primera clase del rock argentino: "Ya sé, el camino a la fama no significa nada si no hay una misión", escribió Adrián Dargelos en el estribillo del track "Putita", un tema que después fue cantado de memoria y a los gritos por cientos de miles de mujercitas adolescentes a lo largo de todo el continente.
Al torbellino "Infame" le siguió "Anoche" (2005), un compendio de nuevas canciones provocadoras y más glamour kitsch metalizado, que ahora finalmente encontró su lógico destino en "Mucho", un disco tan interesante por momentos como previsible en otros. "Estábamos hartos ya de escuchar esos álbumes perfectos, tan minuciosamente retocados con esa lupa que la tecnología te permite hoy", arranca Diego Tuñón, tecladista y compositor clave del grupo, quien llevará la voz cantante por el resto de la velada.
"En todo lo que fue el proceso de grabación de "Mucho" redescubrimos a tipos como Eddie Cochran o Johnny Cash. Veíamos como ellos, con una instrumentación básica, lograron imprimir en sus canciones una simpleza tan buena y auténtica, tan 'real', y nos dio ganas de ir por ese camino. Esto no tenía nada que ver con los conceptos que nosotros veníamos manejando últimamente, con las distorsiones y los retoques un poco obsesivos de cada tema. Así que experimentamos de esa manera; recobrando cierta pureza en la grabación".
Justamente, el proceso de gestación de estas nuevas canciones no fue 'convencional' para Babasónicos. El álbum se creó enteramente en Buenos Aires, entre la improvisada sala de ensayo que la banda montó en una especie de fábrica abandonada en las cercanías del estadio de Boca Juniors, y los estudios Circo Beat --propiedad de Fito Páez--, donde registraron los 10 temas que integran la placa. Por elección del grupo, la evolución de "Mucho" se movió acompasando las diferentes instancias en la salud de Gabo Manelli, bajista de Babasónicos desde su formación, que falleció en enero pasado --apenas completada la grabación-- luego de sostener por cuatro años una compleja enfermedad.
"Con el golpe de la muerte de Gabo nos tomamos unos 10 días sin actividad. Teníamos que absorber ese trago amargo, digamos. Recién después de eso nos fuimos a Londres a mezclar", cuenta Tuñón. "Londres le dio al disco 'un color especial'; usamos una consola que nos encanta y que no habíamos vuelto a usar desde "Babasónica" (1997). Igualmente, no nos interesa 'glamorizar' la situación de haber ido a mezclar a Inglaterra. Lo hicimos por varias razones, entre ellas, que económicamente era más conveniente que hacerlo en Buenos Aires en ese momento".
Una de las dos premisas que el grupo había cavilado para "Mucho" era apuntar más a la fiesta que a la desazón. La otra era hacer de él un trabajo acabado, recortado, una condensación musical con mucha personalidad y apenas 10 temas cortos. "Sabíamos que queríamos hacer un disco up, con ritmos bien arriba. Y además, queríamos recuperar el espíritu del vinilo, de esos discos de 30 minutos que lograban que el oyente mantuviera la atención por completo, durante un tiempo concentrado. Hoy en día fantaseamos más con hacer varios álbumes cortos, con periodos también más cortos entre cada uno. En vez de meter mil ideas en un sólo disco, la idea es hacer mil discos con todas esas ideas".
Siguiendo este concepto, Babasónicos tiene prácticamente listo el sucesor de "Mucho", un próximo trabajo que se llamará satíricamente "Poco", y que incluirá parte del material que quedó afuera del recién editado, "más algunas eventuales nuevas canciones que surjan en el proceso", confirma el tecladista.
Especialmente desde "Jessico" (1999), ciertas temáticas reaparecen en la lírica babasónica casi al punto de haberse convertido en una 'marca registrada' del grupo. Las chicas, las fiestas, la actitud 'desfachatada' --una palabra que parece encantarles-- y esa sagaz rebeldía y cinismo se repiten cíclicamente en las canciones de este grupo, cuyos integrantes ya abandonaron la adolescencia hace tiempo pero parecieran perpetuarla conceptualmente en sus composiciones. "Yo creo que nosotros siempre nos enfrentamos a no convertirnos en eso que se llama 'música adulta', y queremos mantener la rebeldía de una persona que no hace siempre el mismo camino", explica Tuñón.
"Igualmente, también vamos hablando de temas más adultos. "El ídolo" es uno de los temas maduros de este disco, otro es "Escamas", un swing al estilo "Just Another Night" [el célebre single de "She's the Boss", primer disco solista de Mick Jagger]. En cierto modo nos avergüenza hacer esa música, pero también nos encanta. Es cierto que muchas cosas cambian en la vida con el paso del tiempo, pero otras no. En Babasónicos nadie quiere jugar a ser un niño. Además, ¿para qué? --se pregunta, para terminar--. Si nunca estuvimos mejor que ahora".
Quizás, ellos mismos lo explicaron mejor que nadie en esa frase de "Infame" (2003), el disco que dio vuelta la página en la historia del grupo y les garantizó un ticket en la (auténtica) primera clase del rock argentino: "Ya sé, el camino a la fama no significa nada si no hay una misión", escribió Adrián Dargelos en el estribillo del track "Putita", un tema que después fue cantado de memoria y a los gritos por cientos de miles de mujercitas adolescentes a lo largo de todo el continente.
Al torbellino "Infame" le siguió "Anoche" (2005), un compendio de nuevas canciones provocadoras y más glamour kitsch metalizado, que ahora finalmente encontró su lógico destino en "Mucho", un disco tan interesante por momentos como previsible en otros. "Estábamos hartos ya de escuchar esos álbumes perfectos, tan minuciosamente retocados con esa lupa que la tecnología te permite hoy", arranca Diego Tuñón, tecladista y compositor clave del grupo, quien llevará la voz cantante por el resto de la velada.
"En todo lo que fue el proceso de grabación de "Mucho" redescubrimos a tipos como Eddie Cochran o Johnny Cash. Veíamos como ellos, con una instrumentación básica, lograron imprimir en sus canciones una simpleza tan buena y auténtica, tan 'real', y nos dio ganas de ir por ese camino. Esto no tenía nada que ver con los conceptos que nosotros veníamos manejando últimamente, con las distorsiones y los retoques un poco obsesivos de cada tema. Así que experimentamos de esa manera; recobrando cierta pureza en la grabación".
Justamente, el proceso de gestación de estas nuevas canciones no fue 'convencional' para Babasónicos. El álbum se creó enteramente en Buenos Aires, entre la improvisada sala de ensayo que la banda montó en una especie de fábrica abandonada en las cercanías del estadio de Boca Juniors, y los estudios Circo Beat --propiedad de Fito Páez--, donde registraron los 10 temas que integran la placa. Por elección del grupo, la evolución de "Mucho" se movió acompasando las diferentes instancias en la salud de Gabo Manelli, bajista de Babasónicos desde su formación, que falleció en enero pasado --apenas completada la grabación-- luego de sostener por cuatro años una compleja enfermedad.
"Con el golpe de la muerte de Gabo nos tomamos unos 10 días sin actividad. Teníamos que absorber ese trago amargo, digamos. Recién después de eso nos fuimos a Londres a mezclar", cuenta Tuñón. "Londres le dio al disco 'un color especial'; usamos una consola que nos encanta y que no habíamos vuelto a usar desde "Babasónica" (1997). Igualmente, no nos interesa 'glamorizar' la situación de haber ido a mezclar a Inglaterra. Lo hicimos por varias razones, entre ellas, que económicamente era más conveniente que hacerlo en Buenos Aires en ese momento".
Una de las dos premisas que el grupo había cavilado para "Mucho" era apuntar más a la fiesta que a la desazón. La otra era hacer de él un trabajo acabado, recortado, una condensación musical con mucha personalidad y apenas 10 temas cortos. "Sabíamos que queríamos hacer un disco up, con ritmos bien arriba. Y además, queríamos recuperar el espíritu del vinilo, de esos discos de 30 minutos que lograban que el oyente mantuviera la atención por completo, durante un tiempo concentrado. Hoy en día fantaseamos más con hacer varios álbumes cortos, con periodos también más cortos entre cada uno. En vez de meter mil ideas en un sólo disco, la idea es hacer mil discos con todas esas ideas".
Siguiendo este concepto, Babasónicos tiene prácticamente listo el sucesor de "Mucho", un próximo trabajo que se llamará satíricamente "Poco", y que incluirá parte del material que quedó afuera del recién editado, "más algunas eventuales nuevas canciones que surjan en el proceso", confirma el tecladista.
Especialmente desde "Jessico" (1999), ciertas temáticas reaparecen en la lírica babasónica casi al punto de haberse convertido en una 'marca registrada' del grupo. Las chicas, las fiestas, la actitud 'desfachatada' --una palabra que parece encantarles-- y esa sagaz rebeldía y cinismo se repiten cíclicamente en las canciones de este grupo, cuyos integrantes ya abandonaron la adolescencia hace tiempo pero parecieran perpetuarla conceptualmente en sus composiciones. "Yo creo que nosotros siempre nos enfrentamos a no convertirnos en eso que se llama 'música adulta', y queremos mantener la rebeldía de una persona que no hace siempre el mismo camino", explica Tuñón.
"Igualmente, también vamos hablando de temas más adultos. "El ídolo" es uno de los temas maduros de este disco, otro es "Escamas", un swing al estilo "Just Another Night" [el célebre single de "She's the Boss", primer disco solista de Mick Jagger]. En cierto modo nos avergüenza hacer esa música, pero también nos encanta. Es cierto que muchas cosas cambian en la vida con el paso del tiempo, pero otras no. En Babasónicos nadie quiere jugar a ser un niño. Además, ¿para qué? --se pregunta, para terminar--. Si nunca estuvimos mejor que ahora".
