
Jones es la personificación de la integridad artística.
"Voy a cumplir 75 años y te digo una cosa",
dice Quincy Jones con una cálida sonrisa, "lo mejor de ir
poniéndose viejo, es que puedes ver cómo salió todo. Es
increíble".
Ciertamente, las cosas le salieron bien a Jones, cuyo prodigioso talento ha dejado una marca única e imborrable en todos los proyectos que se propuso. Desde su labor como líder de una banda de jazz, sus resonantes éxitos en películas como "The Pawnbroker" y "In Cold Blood", el suceso fenomenal como productor de Michael Jackson en "Thriller" hasta ser guía y luz de "We Are The World", Jones ha sido una inspiración, un pionero, un educador y, sobre todo, la personificación misma de integridad artística.
A los 75 años, Jones recibirá numerosos premios, honores y homenajes, incluyendo un álbum, "Po No Mo", disponible a fin de año vía Interscope Records. Pero los halagos tendrán que ganar su propio espacio dentro de una --aun-- increíble apretada agenda. Jones tiene varios proyectos pactados con artistas como Snoop Dogg, Tony Bennett, además de nueve proyectos cinematográficos, en varias fases de producción.
Su incansable labor humanitaria incluye UNICEF, Habitat for Humanity y los Olímpicos Especiales para erradicar la malaria en Africa. Como principal ejecutivo de Quincy Jones Productions y presidente de la recién creada firma Quincy Jones Enterprises, el hombre a quien todos llaman "Q" continúa tan apasionado y enfocado en sus proyectos como siempre.
En un paréntesis de sus viajes por el mundo, y desde su casa en Los Ángeles, Jones se tomó el tiempo para compartir y hablar sobre su larga y exitosa carrera.
Repasando tus primeros tiempos, ¿cuándo te sentiste atraído por la música?
Vengo de Chicago, el gueto negro más grande los Estados Unidos, con nuestros propios gángsters negros. Mi papá era carpintero de los más grandes gángsters --los chicos Jones--, capos negros con una política de gresca y tiendas pequeñas de centavos. Todo lo que ví fueron pistolas, metralletas y cigarros.
Cuando tenía 11 años, entramos en un lugar --era lo que siempre hacíamos--. Nos metimos en un centro de recreación, yo caminaba por ahí cuando abrí una puerta y casi la cerré después, pero ví un piano de espineta. Me acerqué y toqué ese piano de espineta y cada célula de mi cuerpo dijo: "Esto es lo que debes hacer por el resto de tu vida".
Hasta ese momento, realmente quería ser un gángster, pero todo cambió con una nota en ese piano de espineta. Es gracioso cómo se dió, pasar de ese piano a Dizzy Gillespie, Count Basie, Frank Sinatra, Michael Jackson, Paul Simon, Koo Moe Dee y 50 Cent.
Increíble. Mirás hacia atrás y piensas "Jesús, ¿cómo pasó todo esto?" Alguien alguna vez me llamó "el Ghetto Gump". Es perfecto.
Varias generaciones de artistas te consideran un extraordinario mentor. ¿De quién has aprendido más en tu vida?
Hay muchos de quienes aprendí tanto. Benny Carter, Billy Eckstine, Clark Terry, Bobby Tucker, quien fue director musical de Billie Holiday. Asistí a la universidad de Seattle pero aprendí lo mío en la calle y en los clubes. Me encontré con Ray Charles y aprendimos mucho juntos.
Estar en la banda de Lionel Hampton fue un aprendizaje. Y por seis meses estuve en lo que ahora se conoce como la Berklee School of Music. Ben Webster me llevó bajo su ala, y también Count Basie.
En los años 50, cuando estuve en París estudié con Nadia Boulanger, quien era profesora de Aaron Copland y Leonard Bernstein y mentora de Stravinsky. Era una mujer increíble. Siempre decía: "Tu música nunca puede ser más o menos de lo que eres como persona". Aprendí tanto con ella. Una vez, en su casa, conocí a Stravinsky y casi me da un ataque al corazón.
Escuchas lo que dice la gente sabia, y luego de un tiempo tu propia personalidad va a dictaminar cómo reaccionas a eso. Tienes que lograr esa educación, porque todo es alma y ciencia. No me importa cuánta alma tienes, si no tienes la ciencia para ponerla en práctica.
Después de tanto éxito como músico, arreglista, conductor y ejecutivo de sello disquero, en 1964 hiciste un gran giro en tu carrera al crear las partituras de jazz para la cinta "The Pawnbroker", de Sidney Lumet. Con ese trabajo derribaste la barrera racial en Hollywood y las expectativas musicales del cine. ¿Fue algo natural agregar "compositor" a tus créditos?
Siempre he creído que si realmente haces tu trabajo con lo mejor de tus habilidades, puedes tener toda la libertad que deseas. Desde que tenía 13 años, quería escribir para el cine. Era como una adicción. Solía faltar al colegio para ir al cine de 11 centavos. Podía identificar la influencia de Alfred Newman en la 20th Century Fox, de Victor Young en Paramount, Stanley Wilson en Republic- No sé cómo, pero lo sabía. Lo podía sentir.
Y podía darme cuenta cuando Benny Carter, quien llegó a convertirse en un amigo y mentor, hacía un arreglo para alguien y algo como "The Snows of Kilimanjaro", donde sólo le daban un pequeño crédito en pantalla porque oficialmente no empleaban compositores negros. Tuvo que ser un europeo del este a quien tomaran en serio. Por mucho tiempo fue doloroso porque nunca pensé que yo tenía posibilidades.
Seguro, esperé 15 años. En adelante, trabajé para una película sueca, y luego hice "The Pawnbroker" para Sidney Lumet. Desde entonces, salimos adelante.
Y continuaste trabajando con Sidney Lumet, en películas como "The Deadly Affair", "The Anderson Tapes" y "The Wiz".
Él era increíble. Yo lo adoraba. Él y Richard Brooks ("In Cold Blood", "The Heist") fueron dos tipos que me llamaban antes de llamar a los actores. Eso es confianza. Matarías por alguien que confía así en ti. Tú harás 10 veces el mismo trabajo cuando alguien cree en tí de esa manera.
La gente dice que tú depositas esa confianza en las personas que llevas a tus proyectos.
Pienso que tienes que hacerlo. ¿Por qué tener cerebro de Nazi y reprimir la creatividad de una persona? No puedes poner a un grupo de músicos en un estudio y decir "Háganlo". No funciona así. Debes saber lo que hace cada uno y encontrar una manera organizada y sensible para dejarlos que tengan su libertad y al mismo tiempo que sean parte de esa creatividad colectiva. No hay nada más poderoso que la creatividad colectiva.
Por toda la determinación y empuje detrás de tus éxitos, pareces disfrutar el seguir un camino profesional imprevisible.
Una de las más grandes bienes que tengo en mi vida es una foto de Duke Ellington, que dice "Para Quincy: Que seas el que continue ayudando a descategorizar la música americana".
Yo odio la categorización. Hombre, la odio. Mira, vengo de un pasado en el jazz be bop, de jazz moderno. Entonces, no hay manera en este mundo que, viniendo de ahí, puedas tener un cerebro Nazi. La mente siempre está abierta a cualquier posibilidad y de alguna manera entiendes lo beneficioso que es escuchar los susurros de Dios.
No solamente has sido una fuerza creativa en muchos campos, también has sido un buen ejecutivo. ¿Fue importante para tí manejar también el lado de los negocios?
Tuve que aprender la parte comercial porque me metí en problemas. Cuando tenías 26 años, me fui con una banda al extranjero. Tenía los mejores músicos en los Estados Unidos. Dos de ellos dejaron a Duke Ellington para venirse conmigo: Clark Terry y Quentin Jackson. Tuve a Sahib Shihab en el barítono saxofón, Phil Woods era el tenor. El mejor. Yo tenía 26 años. No sabía más nada. Tenía la mejor banda del mundo, tocando por toda Europa, y nos moríamos de hambre.
Después, Irving Green de Mercury me dijo "Quincy, éste es el negocio de la música. Tienes que entender la parte comercial".
Yo no sabía nada, ni me importaba. Venía de una escuela que era de la onda bling bling o Benjamins. Nos importaba un carajo la fama y el dinero. Nada nos importaba. Porque nuestros ídolos no tenían nada de eso. No tenían un centavo. Charlie Parker murió a los 35 años sin una quarter (moneda).
Y me alegro que vinimos de esa escuela porque nunca quise que me importara el dinero, sólo quería ser un buen músico. Pero, prestas atención y te vuelves inteligente y tienes que aprender la parte comercial, y de ahi haces posible la música. No usas la música para hacer negocio.
Haz hecho arreglos para grandes orquestas, partituras para películas, el álbum más exitoso de todos los tiempos, "Thriller" y algo tan pegajozo como el tema de "Stanford and Son". ¿Sientes diferentes niveles de satisfacción y placer de acuerdo al tipo de proyectos en los que trabajas?
No hay ninguna pizca de diferencia. Ya sea una partitura completa de una película o el tema de "Sanford and Son" (canta un poquito). Siento el cosquilleo (zumbido) cada vez que está bien. La gente habla de encuestas y toda esa mierda. No quiero crear música para una encuesta. Quiero crear música que me ponga la piel de gallina. Si me excita (also sugg: prende), va a excitar a alguien más. Eso significa que tienes que ser honesto con la música y contigo mismo.
También necesitas entender que no puedes darte crédito por parte, porque es una gran melodía. Porque la melodía es la única cosa que viene directamente de Dios. Ahí es cuando tienes que escuchar a esos susurros. No hay técnica ni ciencia para eso. No hay Pro-Tools. Puedes estudiar el contrapunto y la armonía y todo lo demás, pero la melodía viene de Dios. Y es fabuloso cada ves que la encuentras.
Quizás seas la única persona en el planeta que ha asistido a su propio servicio fúnebre
Así es. En 1974 tuve dos aneurismas. Tuve una aneurisma que brotó y parecía que no sobreviviría, entonces mis amigos planearon un servicio fúnebre. Y bueno, sobreviví, pero montaron el concierto de todos modos.
El médico dijo: "lo bueno es que te sobrepusiste a la primera, pero tienes otra, y volveremos en dos meses ". Dio que podía ir al concierto, pero que no podía excitarme. ¿Cómo no podía entusiasmarme al ver a Ray Charles, Marvin Gaye, Billy Eckstine y Cannoball Adderley? Fue en el Shrine, y el neurólogo se sentó conmigo para asegurarse que no me metería en problemas. Aún conservo una gran foto de aquella noche, estamos abrazados Sidney Poitier y yo.
¿Es correcto asumir que estás feliz con la manera cómo fue tu vida?
Por encima de todo, los premios más importantes han sido mis siete hijos. Te dan cada paliza, especialmente entre los 13 y 19 años, cuando saben todo y uno no sabe nada. Pero, sobrevives. Es un proceso fabuloso y un gran regalo.
Mientras más viejo me pongo, más comprendo cuán poco tenemos que ver con lo que nos pasa. Hace cien años, Adolph Sax fue el belga que inventó el saxofón. Raquel lo usa en "Bolero". Adolph no tenía ni idea que los esclavos americanos se engancharían con ese instrumento y así aparecieron Coleman Hawkins y (John) Coltrane y Charlie Parker. No tenía ni idea de lo que se venía.
Mi vecino se llama Art Linkletter. Tiene 94 años y es muy listo. Siempre me dice: "Quincy, ¿quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes". (Risas) Si escribes el guión, Dios tiene listo el reescrito. Pensamos que estamos a cargo (al frente) de todo, pero es mucho más grande que nosotros. Pero, te mantienes ocupado, porque ya tendrás bastante para descansar cuando te mueras.
En un año y medio, he viajado por todo el mundo, tres veces. Me encanta viajar. Me encanta la historia. Me encantan los idiomas y diferentes comidas. Sólo vives una vez, amigo. Cada noche, (Frank) Sinatra solía decir esto: "Quincy, vive cada día como si fuera el último, y algún día estarás bien".
Entonces, ¿todavía estás escuchando los susurros de Dios?
Todo el tiempo. Oh sí, amigo. Dios me llena el oído.
Ciertamente, las cosas le salieron bien a Jones, cuyo prodigioso talento ha dejado una marca única e imborrable en todos los proyectos que se propuso. Desde su labor como líder de una banda de jazz, sus resonantes éxitos en películas como "The Pawnbroker" y "In Cold Blood", el suceso fenomenal como productor de Michael Jackson en "Thriller" hasta ser guía y luz de "We Are The World", Jones ha sido una inspiración, un pionero, un educador y, sobre todo, la personificación misma de integridad artística.
A los 75 años, Jones recibirá numerosos premios, honores y homenajes, incluyendo un álbum, "Po No Mo", disponible a fin de año vía Interscope Records. Pero los halagos tendrán que ganar su propio espacio dentro de una --aun-- increíble apretada agenda. Jones tiene varios proyectos pactados con artistas como Snoop Dogg, Tony Bennett, además de nueve proyectos cinematográficos, en varias fases de producción.
Su incansable labor humanitaria incluye UNICEF, Habitat for Humanity y los Olímpicos Especiales para erradicar la malaria en Africa. Como principal ejecutivo de Quincy Jones Productions y presidente de la recién creada firma Quincy Jones Enterprises, el hombre a quien todos llaman "Q" continúa tan apasionado y enfocado en sus proyectos como siempre.
En un paréntesis de sus viajes por el mundo, y desde su casa en Los Ángeles, Jones se tomó el tiempo para compartir y hablar sobre su larga y exitosa carrera.
Repasando tus primeros tiempos, ¿cuándo te sentiste atraído por la música?
Vengo de Chicago, el gueto negro más grande los Estados Unidos, con nuestros propios gángsters negros. Mi papá era carpintero de los más grandes gángsters --los chicos Jones--, capos negros con una política de gresca y tiendas pequeñas de centavos. Todo lo que ví fueron pistolas, metralletas y cigarros.
Cuando tenía 11 años, entramos en un lugar --era lo que siempre hacíamos--. Nos metimos en un centro de recreación, yo caminaba por ahí cuando abrí una puerta y casi la cerré después, pero ví un piano de espineta. Me acerqué y toqué ese piano de espineta y cada célula de mi cuerpo dijo: "Esto es lo que debes hacer por el resto de tu vida".
Hasta ese momento, realmente quería ser un gángster, pero todo cambió con una nota en ese piano de espineta. Es gracioso cómo se dió, pasar de ese piano a Dizzy Gillespie, Count Basie, Frank Sinatra, Michael Jackson, Paul Simon, Koo Moe Dee y 50 Cent.
Increíble. Mirás hacia atrás y piensas "Jesús, ¿cómo pasó todo esto?" Alguien alguna vez me llamó "el Ghetto Gump". Es perfecto.
Varias generaciones de artistas te consideran un extraordinario mentor. ¿De quién has aprendido más en tu vida?
Hay muchos de quienes aprendí tanto. Benny Carter, Billy Eckstine, Clark Terry, Bobby Tucker, quien fue director musical de Billie Holiday. Asistí a la universidad de Seattle pero aprendí lo mío en la calle y en los clubes. Me encontré con Ray Charles y aprendimos mucho juntos.
Estar en la banda de Lionel Hampton fue un aprendizaje. Y por seis meses estuve en lo que ahora se conoce como la Berklee School of Music. Ben Webster me llevó bajo su ala, y también Count Basie.
En los años 50, cuando estuve en París estudié con Nadia Boulanger, quien era profesora de Aaron Copland y Leonard Bernstein y mentora de Stravinsky. Era una mujer increíble. Siempre decía: "Tu música nunca puede ser más o menos de lo que eres como persona". Aprendí tanto con ella. Una vez, en su casa, conocí a Stravinsky y casi me da un ataque al corazón.
Escuchas lo que dice la gente sabia, y luego de un tiempo tu propia personalidad va a dictaminar cómo reaccionas a eso. Tienes que lograr esa educación, porque todo es alma y ciencia. No me importa cuánta alma tienes, si no tienes la ciencia para ponerla en práctica.
Después de tanto éxito como músico, arreglista, conductor y ejecutivo de sello disquero, en 1964 hiciste un gran giro en tu carrera al crear las partituras de jazz para la cinta "The Pawnbroker", de Sidney Lumet. Con ese trabajo derribaste la barrera racial en Hollywood y las expectativas musicales del cine. ¿Fue algo natural agregar "compositor" a tus créditos?
Siempre he creído que si realmente haces tu trabajo con lo mejor de tus habilidades, puedes tener toda la libertad que deseas. Desde que tenía 13 años, quería escribir para el cine. Era como una adicción. Solía faltar al colegio para ir al cine de 11 centavos. Podía identificar la influencia de Alfred Newman en la 20th Century Fox, de Victor Young en Paramount, Stanley Wilson en Republic- No sé cómo, pero lo sabía. Lo podía sentir.
Y podía darme cuenta cuando Benny Carter, quien llegó a convertirse en un amigo y mentor, hacía un arreglo para alguien y algo como "The Snows of Kilimanjaro", donde sólo le daban un pequeño crédito en pantalla porque oficialmente no empleaban compositores negros. Tuvo que ser un europeo del este a quien tomaran en serio. Por mucho tiempo fue doloroso porque nunca pensé que yo tenía posibilidades.
Seguro, esperé 15 años. En adelante, trabajé para una película sueca, y luego hice "The Pawnbroker" para Sidney Lumet. Desde entonces, salimos adelante.
Y continuaste trabajando con Sidney Lumet, en películas como "The Deadly Affair", "The Anderson Tapes" y "The Wiz".
Él era increíble. Yo lo adoraba. Él y Richard Brooks ("In Cold Blood", "The Heist") fueron dos tipos que me llamaban antes de llamar a los actores. Eso es confianza. Matarías por alguien que confía así en ti. Tú harás 10 veces el mismo trabajo cuando alguien cree en tí de esa manera.
La gente dice que tú depositas esa confianza en las personas que llevas a tus proyectos.
Pienso que tienes que hacerlo. ¿Por qué tener cerebro de Nazi y reprimir la creatividad de una persona? No puedes poner a un grupo de músicos en un estudio y decir "Háganlo". No funciona así. Debes saber lo que hace cada uno y encontrar una manera organizada y sensible para dejarlos que tengan su libertad y al mismo tiempo que sean parte de esa creatividad colectiva. No hay nada más poderoso que la creatividad colectiva.
Por toda la determinación y empuje detrás de tus éxitos, pareces disfrutar el seguir un camino profesional imprevisible.
Una de las más grandes bienes que tengo en mi vida es una foto de Duke Ellington, que dice "Para Quincy: Que seas el que continue ayudando a descategorizar la música americana".
Yo odio la categorización. Hombre, la odio. Mira, vengo de un pasado en el jazz be bop, de jazz moderno. Entonces, no hay manera en este mundo que, viniendo de ahí, puedas tener un cerebro Nazi. La mente siempre está abierta a cualquier posibilidad y de alguna manera entiendes lo beneficioso que es escuchar los susurros de Dios.
No solamente has sido una fuerza creativa en muchos campos, también has sido un buen ejecutivo. ¿Fue importante para tí manejar también el lado de los negocios?
Tuve que aprender la parte comercial porque me metí en problemas. Cuando tenías 26 años, me fui con una banda al extranjero. Tenía los mejores músicos en los Estados Unidos. Dos de ellos dejaron a Duke Ellington para venirse conmigo: Clark Terry y Quentin Jackson. Tuve a Sahib Shihab en el barítono saxofón, Phil Woods era el tenor. El mejor. Yo tenía 26 años. No sabía más nada. Tenía la mejor banda del mundo, tocando por toda Europa, y nos moríamos de hambre.
Después, Irving Green de Mercury me dijo "Quincy, éste es el negocio de la música. Tienes que entender la parte comercial".
Yo no sabía nada, ni me importaba. Venía de una escuela que era de la onda bling bling o Benjamins. Nos importaba un carajo la fama y el dinero. Nada nos importaba. Porque nuestros ídolos no tenían nada de eso. No tenían un centavo. Charlie Parker murió a los 35 años sin una quarter (moneda).
Y me alegro que vinimos de esa escuela porque nunca quise que me importara el dinero, sólo quería ser un buen músico. Pero, prestas atención y te vuelves inteligente y tienes que aprender la parte comercial, y de ahi haces posible la música. No usas la música para hacer negocio.
Haz hecho arreglos para grandes orquestas, partituras para películas, el álbum más exitoso de todos los tiempos, "Thriller" y algo tan pegajozo como el tema de "Stanford and Son". ¿Sientes diferentes niveles de satisfacción y placer de acuerdo al tipo de proyectos en los que trabajas?
No hay ninguna pizca de diferencia. Ya sea una partitura completa de una película o el tema de "Sanford and Son" (canta un poquito). Siento el cosquilleo (zumbido) cada vez que está bien. La gente habla de encuestas y toda esa mierda. No quiero crear música para una encuesta. Quiero crear música que me ponga la piel de gallina. Si me excita (also sugg: prende), va a excitar a alguien más. Eso significa que tienes que ser honesto con la música y contigo mismo.
También necesitas entender que no puedes darte crédito por parte, porque es una gran melodía. Porque la melodía es la única cosa que viene directamente de Dios. Ahí es cuando tienes que escuchar a esos susurros. No hay técnica ni ciencia para eso. No hay Pro-Tools. Puedes estudiar el contrapunto y la armonía y todo lo demás, pero la melodía viene de Dios. Y es fabuloso cada ves que la encuentras.
Quizás seas la única persona en el planeta que ha asistido a su propio servicio fúnebre
Así es. En 1974 tuve dos aneurismas. Tuve una aneurisma que brotó y parecía que no sobreviviría, entonces mis amigos planearon un servicio fúnebre. Y bueno, sobreviví, pero montaron el concierto de todos modos.
El médico dijo: "lo bueno es que te sobrepusiste a la primera, pero tienes otra, y volveremos en dos meses ". Dio que podía ir al concierto, pero que no podía excitarme. ¿Cómo no podía entusiasmarme al ver a Ray Charles, Marvin Gaye, Billy Eckstine y Cannoball Adderley? Fue en el Shrine, y el neurólogo se sentó conmigo para asegurarse que no me metería en problemas. Aún conservo una gran foto de aquella noche, estamos abrazados Sidney Poitier y yo.
¿Es correcto asumir que estás feliz con la manera cómo fue tu vida?
Por encima de todo, los premios más importantes han sido mis siete hijos. Te dan cada paliza, especialmente entre los 13 y 19 años, cuando saben todo y uno no sabe nada. Pero, sobrevives. Es un proceso fabuloso y un gran regalo.
Mientras más viejo me pongo, más comprendo cuán poco tenemos que ver con lo que nos pasa. Hace cien años, Adolph Sax fue el belga que inventó el saxofón. Raquel lo usa en "Bolero". Adolph no tenía ni idea que los esclavos americanos se engancharían con ese instrumento y así aparecieron Coleman Hawkins y (John) Coltrane y Charlie Parker. No tenía ni idea de lo que se venía.
Mi vecino se llama Art Linkletter. Tiene 94 años y es muy listo. Siempre me dice: "Quincy, ¿quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes". (Risas) Si escribes el guión, Dios tiene listo el reescrito. Pensamos que estamos a cargo (al frente) de todo, pero es mucho más grande que nosotros. Pero, te mantienes ocupado, porque ya tendrás bastante para descansar cuando te mueras.
En un año y medio, he viajado por todo el mundo, tres veces. Me encanta viajar. Me encanta la historia. Me encantan los idiomas y diferentes comidas. Sólo vives una vez, amigo. Cada noche, (Frank) Sinatra solía decir esto: "Quincy, vive cada día como si fuera el último, y algún día estarás bien".
Entonces, ¿todavía estás escuchando los susurros de Dios?
Todo el tiempo. Oh sí, amigo. Dios me llena el oído.
