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Artistas – La Entrevista Billboard


Jorge Drexler: intelectualidad con sentimiento

28 de Mayo de 2008

- Valeria Agis, Buenos Aires


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Jorge Drexler: muchas caras de un artista único.

Anochece en la ciudad y el ventanal que se abre a espaldas de Jorge Drexler muestra la pintura viviente de las pequeñas luces rojas, inquietas, de miles de autos que buscan volver a casa. Drexler tiene a mano un té caliente a medio tomar, una botella de agua sin gas abierta, y un par de copas límpidas en las que ofrece a su interlocutor algo para beber. Está sentado en la cabecera de una de esas largas mesas de reunión, en un cálido salón del hotel donde se hospeda horas antes de debutar en este país con la presentación de "Cara B", su nuevo disco doble, fruto de una serie de conciertos que realizó para cerrar el año pasado viajando por diferentes ciudades de Cataluña.
    
Hay una extraña mezcla de intelectualidad con sentimiento en este hombre de cuerpo menudo y compacto, una especial cadencia al hablar que hipnotiza, y que hace imposible no rendir total atención ante ese hilo de palabras que sale de su boca y forma un sólido cauce de conocimientos, opiniones y pareceres.
 
Es peculiar y sintomático que, en el momento en que la marea de la exposición mediática alcanzaba sus más altos niveles --después del Oscar que el uruguayo se llevó en 2005 por "Al otro lado del río", tema del filme "Diarios de motocicleta"--, Drexler hubiera decidido hacer dos de sus obras más íntimas, reservadas, introspectivas y hasta, podría decirse, hogareñas. En primer lugar, "12 segundos de oscuridad" (2006), su último álbum de estudio con el que dejó testimonio en letra y música de su cambio de dirección sentimental; y ahora "Cara B", un disco en vivo que lo retrata solo, arriba de diferentes escenarios, acompañado por su guitarra y con apenas pequeños matices de otros sonidos complementarios.
 
 "Es totalmente ex profeso", dice él, intentando explicar su particular mecanismo de defensa. "Funciona por el sistema de contrapeso, podría decir. Ante un tsunami mediático, a mí lo que me queda más cómodo es llevar la pelota para mi terreno, replegarme un poco. Es como ponerse en orden, como buscar irte a tu casa con tus amigos, a cocinar algo y tener una cena tranquila, en vez de estar brindando con champagne en algún hotel de lujo".

Aquel momento bisagra en su carrera, aquella noche en la que subió al escenario del Kodak Theatre de Los Angeles y en lugar de agradecer el premio con un discurso interpretó a capella su canción, aquella que los organizadores no le habían permitido cantar en la ceremonia, llevó al músico a un interesante estado de reflexión, que lo animó a tomar aún más fuerte el timón de su carrera y dirigirla no hacia donde el viento soplaba, sino hacia donde su voluntad quería.

"Cuando se produce algo tan demencial como ganar un premio que está tan fuera de tus deseos y hasta de tu idiosincracia, ese movimiento te lleva a pensar: 'Bueno, a ver... ¿Por qué estoy en este trabajo?'. De repente uno se encuentra viviendo situaciones muy raras, haciendo entrevistas todo el tiempo, tocando en ciudades donde antes no había mercado para su música. Ahí es cuando uno tiene que optar entre zambullirse completamente dentro de esa ola, explotar laboralmente todo lo que pasó, quizás mudarse a Los Angeles a escribir música para películas; o pensar en salir hacia otro lado muy diferente. A mí me surgió la reflexión, tuve ganas de volver a dejar en claro cuáles eran mis premisas personales y artísticas. Y me di cuenta de que eran las mismas de siempre: aprovechar bien la libertad creativa y tirar al máximo de la cuerda lúdica; divertirme y pasármelo bien. Me gusta vivir esto como una experiencia gozosa, que me ayuda a crecer como persona y como artista. Lógicamente, cuando hay más fuerza mediática y muchos ojos atentos, uno se puede dar esos permisos. Soy consciente de eso. Si yo hubiera salido con un disco como "Cara B" en la época de "Frontera" (1999), probablemente hubiera entrado en un circuito muy pequeñito, precioso también, pero para mucha menos gente de la que hoy me escucha".

 Puntualmente, esa gente y ese público de magnitud cada vez más considerable que se convoca llenando las butacas de cualquier teatro donde este artista toque, es para él un eje fundamental de su etapa presente. De hecho, "Cara B" está de alguna manera edificado sobre la certeza de la participación y el aporte que la gente hace durante un show en vivo. "Para mí, la 'cara B' es el aspecto no visible de un fenómeno, o de un objeto", puntualiza el músico. "Y la idea de este álbum fue poner el foco sobre lo no evidente. Cuando alguien se imagina un concierto, piensa en un escenario con luces, sonido y músicos tocando. Pero, ¿qué pasa si se gira la óptica de la cámara y ese concierto se ve desde la mirada del artista?", se autopregunta. "¿Y qué pasa si el foco se abre todavía más, se extiende al teatro, a la calle? Eso que no era evidente ni audible, de pronto aparece y forma parte de ese concierto. Esa es la base de este disco y de esta serie de shows, en la que hemos vuelto espectáculo al espectador".

Para tan interesante tarea, los dos ingenieros de sonido que lo acompañan en esta gira instalan micrófonos entre la audiencia y graban sonido ambiente de cada ciudad a la que llegan. Este rico y heterogéneo material auditivo se introduce después como parte del show, es el collage sonoro que lo acompaña –además de su clásica guitarra- en cada canción.  "El resultado es la pérdida de los límites entre el escenario y la platea, o la ampliación del espacio escénico", analiza, con propiedad y detalle. "Hacerle entender al público que estaba dentro del show; hacer observado al observador, emisor al receptor..."

A esta altura, Drexler hace una pausa y bebe apaciblemente unos sorbos de su té. Entonces, animado, distiende el hilo de la conversación e introduce esos toques cotidianos que son también los que hacen de su música una historia conocida, familiar a casi cualquier oído. "Esta garganta...", se queja el otorrinolaringólogo [Jorge Drexler se graduó en medicina en su natal Uruguay]. "El otro día, antes del show de Fundación Alas, tuve que darme un inyectable porque me sentía realmente mal", dice. "Por suerte después salió todo bien. Me animé a cantar pensando que, si me fallaba la voz, al menos era un concierto solidario y con buena onda... No me iban a bajar del escenario a piedrazos", se ríe.   
 
Finalmente, cuando ya afuera es noche cerrada, una de sus colaboradoras entra a la sala y le avisa al músico que en breve deberá partir para una importante reunión. "Sí, y después me voy derecho a la cama", replica él, con firme amabilidad. Es momento del cierre, y el artista elige sacar algunas conclusiones. "Uno puede aprender o no aprender de las cosas. A mí, ser más conocido no me generó ataduras, sino libertades. La música es una manera muy honrada de ganarse la vida; esto es un trabajo, no nos olvidemos", refuerza. "La canción es también una disciplina artística, que requiere de perfeccionamiento y dedicación. Pero luego, bien adentro de todo eso, está la parte personal de esas canciones, que son una herramienta de crecimiento, como un espejo o un diario íntimo. Tengo la suerte de poder usar las canciones como una forma de análisis personal y de desarrollo. Yo tengo la dicha de tener un trabajo en el que puedo sentarme y pensar: '¿Cómo estás?' y de lo que sale en el papel, voy haciendo mi historia".



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Jorge Drexler: intelectualidad con sentimiento

28 de Mayo de 2008

- Valeria Agis, Buenos Aires


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Jorge Drexler: muchas caras de un artista único.

Anochece en la ciudad y el ventanal que se abre a espaldas de Jorge Drexler muestra la pintura viviente de las pequeñas luces rojas, inquietas, de miles de autos que buscan volver a casa. Drexler tiene a mano un té caliente a medio tomar, una botella de agua sin gas abierta, y un par de copas límpidas en las que ofrece a su interlocutor algo para beber. Está sentado en la cabecera de una de esas largas mesas de reunión, en un cálido salón del hotel donde se hospeda horas antes de debutar en este país con la presentación de "Cara B", su nuevo disco doble, fruto de una serie de conciertos que realizó para cerrar el año pasado viajando por diferentes ciudades de Cataluña.
    
Hay una extraña mezcla de intelectualidad con sentimiento en este hombre de cuerpo menudo y compacto, una especial cadencia al hablar que hipnotiza, y que hace imposible no rendir total atención ante ese hilo de palabras que sale de su boca y forma un sólido cauce de conocimientos, opiniones y pareceres.
 
Es peculiar y sintomático que, en el momento en que la marea de la exposición mediática alcanzaba sus más altos niveles --después del Oscar que el uruguayo se llevó en 2005 por "Al otro lado del río", tema del filme "Diarios de motocicleta"--, Drexler hubiera decidido hacer dos de sus obras más íntimas, reservadas, introspectivas y hasta, podría decirse, hogareñas. En primer lugar, "12 segundos de oscuridad" (2006), su último álbum de estudio con el que dejó testimonio en letra y música de su cambio de dirección sentimental; y ahora "Cara B", un disco en vivo que lo retrata solo, arriba de diferentes escenarios, acompañado por su guitarra y con apenas pequeños matices de otros sonidos complementarios.
 
 "Es totalmente ex profeso", dice él, intentando explicar su particular mecanismo de defensa. "Funciona por el sistema de contrapeso, podría decir. Ante un tsunami mediático, a mí lo que me queda más cómodo es llevar la pelota para mi terreno, replegarme un poco. Es como ponerse en orden, como buscar irte a tu casa con tus amigos, a cocinar algo y tener una cena tranquila, en vez de estar brindando con champagne en algún hotel de lujo".

Aquel momento bisagra en su carrera, aquella noche en la que subió al escenario del Kodak Theatre de Los Angeles y en lugar de agradecer el premio con un discurso interpretó a capella su canción, aquella que los organizadores no le habían permitido cantar en la ceremonia, llevó al músico a un interesante estado de reflexión, que lo animó a tomar aún más fuerte el timón de su carrera y dirigirla no hacia donde el viento soplaba, sino hacia donde su voluntad quería.

"Cuando se produce algo tan demencial como ganar un premio que está tan fuera de tus deseos y hasta de tu idiosincracia, ese movimiento te lleva a pensar: 'Bueno, a ver... ¿Por qué estoy en este trabajo?'. De repente uno se encuentra viviendo situaciones muy raras, haciendo entrevistas todo el tiempo, tocando en ciudades donde antes no había mercado para su música. Ahí es cuando uno tiene que optar entre zambullirse completamente dentro de esa ola, explotar laboralmente todo lo que pasó, quizás mudarse a Los Angeles a escribir música para películas; o pensar en salir hacia otro lado muy diferente. A mí me surgió la reflexión, tuve ganas de volver a dejar en claro cuáles eran mis premisas personales y artísticas. Y me di cuenta de que eran las mismas de siempre: aprovechar bien la libertad creativa y tirar al máximo de la cuerda lúdica; divertirme y pasármelo bien. Me gusta vivir esto como una experiencia gozosa, que me ayuda a crecer como persona y como artista. Lógicamente, cuando hay más fuerza mediática y muchos ojos atentos, uno se puede dar esos permisos. Soy consciente de eso. Si yo hubiera salido con un disco como "Cara B" en la época de "Frontera" (1999), probablemente hubiera entrado en un circuito muy pequeñito, precioso también, pero para mucha menos gente de la que hoy me escucha".

 Puntualmente, esa gente y ese público de magnitud cada vez más considerable que se convoca llenando las butacas de cualquier teatro donde este artista toque, es para él un eje fundamental de su etapa presente. De hecho, "Cara B" está de alguna manera edificado sobre la certeza de la participación y el aporte que la gente hace durante un show en vivo. "Para mí, la 'cara B' es el aspecto no visible de un fenómeno, o de un objeto", puntualiza el músico. "Y la idea de este álbum fue poner el foco sobre lo no evidente. Cuando alguien se imagina un concierto, piensa en un escenario con luces, sonido y músicos tocando. Pero, ¿qué pasa si se gira la óptica de la cámara y ese concierto se ve desde la mirada del artista?", se autopregunta. "¿Y qué pasa si el foco se abre todavía más, se extiende al teatro, a la calle? Eso que no era evidente ni audible, de pronto aparece y forma parte de ese concierto. Esa es la base de este disco y de esta serie de shows, en la que hemos vuelto espectáculo al espectador".

Para tan interesante tarea, los dos ingenieros de sonido que lo acompañan en esta gira instalan micrófonos entre la audiencia y graban sonido ambiente de cada ciudad a la que llegan. Este rico y heterogéneo material auditivo se introduce después como parte del show, es el collage sonoro que lo acompaña –además de su clásica guitarra- en cada canción.  "El resultado es la pérdida de los límites entre el escenario y la platea, o la ampliación del espacio escénico", analiza, con propiedad y detalle. "Hacerle entender al público que estaba dentro del show; hacer observado al observador, emisor al receptor..."

A esta altura, Drexler hace una pausa y bebe apaciblemente unos sorbos de su té. Entonces, animado, distiende el hilo de la conversación e introduce esos toques cotidianos que son también los que hacen de su música una historia conocida, familiar a casi cualquier oído. "Esta garganta...", se queja el otorrinolaringólogo [Jorge Drexler se graduó en medicina en su natal Uruguay]. "El otro día, antes del show de Fundación Alas, tuve que darme un inyectable porque me sentía realmente mal", dice. "Por suerte después salió todo bien. Me animé a cantar pensando que, si me fallaba la voz, al menos era un concierto solidario y con buena onda... No me iban a bajar del escenario a piedrazos", se ríe.   
 
Finalmente, cuando ya afuera es noche cerrada, una de sus colaboradoras entra a la sala y le avisa al músico que en breve deberá partir para una importante reunión. "Sí, y después me voy derecho a la cama", replica él, con firme amabilidad. Es momento del cierre, y el artista elige sacar algunas conclusiones. "Uno puede aprender o no aprender de las cosas. A mí, ser más conocido no me generó ataduras, sino libertades. La música es una manera muy honrada de ganarse la vida; esto es un trabajo, no nos olvidemos", refuerza. "La canción es también una disciplina artística, que requiere de perfeccionamiento y dedicación. Pero luego, bien adentro de todo eso, está la parte personal de esas canciones, que son una herramienta de crecimiento, como un espejo o un diario íntimo. Tengo la suerte de poder usar las canciones como una forma de análisis personal y de desarrollo. Yo tengo la dicha de tener un trabajo en el que puedo sentarme y pensar: '¿Cómo estás?' y de lo que sale en el papel, voy haciendo mi historia".
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