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¿Latinos alternativos?

16 de Noviembre de 2008

- Leila Cobo


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COMCEL Ideas.

El santo grial de un mercado de música digital en Sudamérica ha sido la prioridad para los sellos latinos por al menos tres años.

Pero en la reciente conferencia Resonancia Colombia: Música y Management en el entorno digital en Bogotá se resaltó la necesidad de un nuevo modelo de negocio que refleje las realidades culturales y económicas de Latinoamérica.

Si alguna nación merece tener una industria musical vital, sería Colombia, donde la música literalmente revienta en cada esquina. El país parece tener un suministro infinito de artistas talentosos y ejecutivos perspicaces.

Resonancia --un evento organizado por el Ministerio de Cultura colombiano junto al British Council y la compañía británica de información de música digital Music Ally-- atrajo a artistas, empresarios, innovadores y consolidadores que están usando tecnologías online y móvil para descubrir, promover y comercializar música. Hasta ahora, pese a esto, el mercado musical online apenas existe.

Esta es una industria en el borde, contenida por condiciones de mercado que no cambiarán por años. Pocas tiendas existen, la infraestructura entre editores y sociedades está plagada por desacuerdos, y muchos de los potenciales consumidores están renuentes a usar sus tarjetas de crédito en Internet (esto último también afecta a los consumidores latinos en Estados Unidos, contribuyendo al retraso de ventas latinas online a nivel nacional). Y aunque Brasil y México han desarrollado mercados digitales, las ventas online todavía son bajas en los dos países.  

Ahora que el acceso por banda ancha está creciendo en todo el continente, es importante para la industria el desarrollar un mercado digital legítimo que pueda trabajar en Latinoamérica, en lugar de simplemente copiar modelos que funcionan en otros países.

Primero, los gobiernos necesitan dar incentivos tributarios para artistas y sellos similares a los que reciben la industria cinematográfica y editorial en Colombia. Solo dos países, Brasil y Uruguay, ofrecen incentivos tributarios a la producción musical. Los países latinos necesitan considerar la música como un patrimonio cultural, tan importante de preservar y promover como pasa en países como Irlanda.

Segundo, los precios necesitan estar bien. Comcel Ideas, la única tienda de descargas en Colombia, le permite a los consumidores descargar canciones por teléfono por $3 dólares, un precio escandaloso en cualquier mercado, pero particularmente en un país en desarrollo. En las economías de América Latina, el modelo de 99 centavos de dólar por canción no funcionaría tampoco, excepto para la pequeña clase alta. Un precio así mataría cualquier empresa legar antes de que comience a operar.

Tercero, las tiendas digitales en latinoamérica no pueden pedir tarjetas de crédito para las transaciones en línea. La adopción de tarjetas de crédito en Latinoamérica es baja, y hasta los consumidores que las poseen son recelosos de las transacciones en Internet.

Hay algunas alternativas atractivas: modelos de suscripción, donde los usuarios paguen con sus cuentas de TV por cable; descargas de canciones enteras o duales por teléfono celular; o tarjetas de descargas prepagadas.

Los consumidores latinos quieren comprar música online, solo necesitan que le ofrezcan el modelo correcto y al precio correcto. Es tiempo de mirar el mercado digital en Latinoamérica como una oportunidad a largo plazo y no un arreglo a corto plazo.



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¿Latinos alternativos?

16 de Noviembre de 2008

- Leila Cobo


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COMCEL Ideas.

El santo grial de un mercado de música digital en Sudamérica ha sido la prioridad para los sellos latinos por al menos tres años.

Pero en la reciente conferencia Resonancia Colombia: Música y Management en el entorno digital en Bogotá se resaltó la necesidad de un nuevo modelo de negocio que refleje las realidades culturales y económicas de Latinoamérica.

Si alguna nación merece tener una industria musical vital, sería Colombia, donde la música literalmente revienta en cada esquina. El país parece tener un suministro infinito de artistas talentosos y ejecutivos perspicaces.

Resonancia --un evento organizado por el Ministerio de Cultura colombiano junto al British Council y la compañía británica de información de música digital Music Ally-- atrajo a artistas, empresarios, innovadores y consolidadores que están usando tecnologías online y móvil para descubrir, promover y comercializar música. Hasta ahora, pese a esto, el mercado musical online apenas existe.

Esta es una industria en el borde, contenida por condiciones de mercado que no cambiarán por años. Pocas tiendas existen, la infraestructura entre editores y sociedades está plagada por desacuerdos, y muchos de los potenciales consumidores están renuentes a usar sus tarjetas de crédito en Internet (esto último también afecta a los consumidores latinos en Estados Unidos, contribuyendo al retraso de ventas latinas online a nivel nacional). Y aunque Brasil y México han desarrollado mercados digitales, las ventas online todavía son bajas en los dos países.  

Ahora que el acceso por banda ancha está creciendo en todo el continente, es importante para la industria el desarrollar un mercado digital legítimo que pueda trabajar en Latinoamérica, en lugar de simplemente copiar modelos que funcionan en otros países.

Primero, los gobiernos necesitan dar incentivos tributarios para artistas y sellos similares a los que reciben la industria cinematográfica y editorial en Colombia. Solo dos países, Brasil y Uruguay, ofrecen incentivos tributarios a la producción musical. Los países latinos necesitan considerar la música como un patrimonio cultural, tan importante de preservar y promover como pasa en países como Irlanda.

Segundo, los precios necesitan estar bien. Comcel Ideas, la única tienda de descargas en Colombia, le permite a los consumidores descargar canciones por teléfono por $3 dólares, un precio escandaloso en cualquier mercado, pero particularmente en un país en desarrollo. En las economías de América Latina, el modelo de 99 centavos de dólar por canción no funcionaría tampoco, excepto para la pequeña clase alta. Un precio así mataría cualquier empresa legar antes de que comience a operar.

Tercero, las tiendas digitales en latinoamérica no pueden pedir tarjetas de crédito para las transaciones en línea. La adopción de tarjetas de crédito en Latinoamérica es baja, y hasta los consumidores que las poseen son recelosos de las transacciones en Internet.

Hay algunas alternativas atractivas: modelos de suscripción, donde los usuarios paguen con sus cuentas de TV por cable; descargas de canciones enteras o duales por teléfono celular; o tarjetas de descargas prepagadas.

Los consumidores latinos quieren comprar música online, solo necesitan que le ofrezcan el modelo correcto y al precio correcto. Es tiempo de mirar el mercado digital en Latinoamérica como una oportunidad a largo plazo y no un arreglo a corto plazo.
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