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Tweety González: Pulir la música hasta que brille

04 de Noviembre de 2008

- Valeria Agis, Buenos Aires


musica/photos/stylus/45141-gonzalez_220.jpg

Photo by Jorge Aragon

Tweety González.

Son las 9 AM de un día fresco. Tweety González espera, con su equipaje listo y un humor mejor de lo que cualquiera podría suponer para esa hora, que llegue el auto que lo conducirá hasta el aeropuerto de Buenos Aires, donde un par de horas después deberá emprender un vuelo directo hacia el corazón de México.  

Mientras eso ocurre, y se van ultimando los lógicos detalles finales antes de cualquier viaje, Tweety, nominado como Productor del Año de los próximos Latin Grammy por su trabajo en el álbum debut de la mexicana Ximena Sariñana, empieza la mañana hablando de su héroe: “Para mí, el más grande, el ‘productor de productores’, es indudablemente George Martin. Es más, creo que el concepto de producción, como lo entendemos hoy en día, empezó con él. Yo escuché a los Beatles por primera vez a los 13 años. Y ya desde esa edad pensaba que había ‘algo’ en esos discos que los diferenciaban del resto. Bueno; ese ‘algo’ era George Martin”.

En contraste con la moderada atención que la figura del productor hoy capta dentro del público en general, puertas adentro de la industria de la música cualquiera sabe hace tiempo que, el minucioso, obsesivo y artesanal trabajo de producción, es un punto clave para el éxito de un álbum.

Tweety, que entre sus créditos atesora el haber trabajado –como músico, productor, ingeniero o consultor de sonido- con Soda Stereo, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Ilya Kuryaki and The Valderramas y haber formado también el dúo Acida junto con Alina Gandini, medita un instante sobre ésto y dice que le gusta pensar que un productor es como un director de cine; esa figura escondida, que jamás aparece como protagonista de la historia, y sin embargo es un factor clave de ella.  

“Hay muchos métodos y formas de hacer un disco. Eso puede variar siempre”, propone. “Lo que no varía en el rol de un productor es su forma de ‘defender’ al músico que está en la tapa. Es un trabajo integral; hay que estar involucrado en todo, desde lo más artístico, que es la música,  hasta otros ítems menos creativos pero que también forman parte de una grabación, por ejemplo mantenerse dentro del presupuesto del disco, respetar el tiempo que hay pautado para hacerlo, etc. Un productor es como un coach escondido atrás de los sonidos, o como un director de una película. Me entusiasma pensar en esa comparación”.

  “Mediocre”, el súper promisorio debut de Sariñana, es una de las últimas criaturas nacidas bajo el sello Tweety, sin dudas uno de los productores latinoamericanos que mejor se maneja dentro del pop-rock y el electropop, y que más le escapa a esos cíclicos y desgastados clichés del ‘rock en español’.

“Cuando uno trabaja con una canción, empieza a pulirla, hasta ese punto en el que ya parece que brilla bien", dice. "Pero en el arte, como en todos los órdenes, hay que saber cuándo parar. Un buen productor tiene que encontrar el punto exacto, porque eso lo diferencia, eso crea su propio estilo. La realidad es que un disco poco producido suena pobre, y uno sobreproducido suena a exceso, hace perder la frescura del artista. Por ejemplo, pienso en el caso de Ximena. Yo recibí demos tan buenos de sus temas, que mantener esa inocencia, esa pasión de las versiones originales, fue una prioridad dentro del trabajo de producción”.
   
El entusiasmo aflora de su boca cada vez que habla de “Mediocre”, o de algunos otros trabajos del pasado que quedaron grabados para siempre en su mente, como “Horno para calentar los mares” de los Kuryaki –“el disco con el que más me divertí en toda mi vida”, o el ceratiano “Ahí vamos” –“un álbum del que me honra haber sido parte”. Pero reflexionar sobre la actualidad de la música resulta para Tweety un tanto más desabrido.

“Hay dos cosas que suceden simultáneamente en este momento", dice. "Por un lado, se repiten hasta el hartazgo algunas fórmulas; esas que, como ya resultaron exitosas, ahora todo el mundo quiere tener. Obviamente, eso empobrece la música y colabora para que todo suene más o menos parecido al oído del público, atentando contra la variedad y la personalidad de los músicos.

 “Pero a la vez”, continúa, “están apareciendo también algunos artistas que marcan ese ‘otro’ camino. Están Ximena en México, Francisca Valenzuela en Chile, o Loli Molina en Argentina, por ejemplo. Ellas van claramente por otro lado; apuestan a hacer algo diferente. En la música en español, la renovación viene por el lado femenino. Pareciera como si, a partir de Julieta Venegas, muchas otras chicas se hubieran animado a mostrar su música. Ya no buscan ser coristas de una banda, ahora son líderes. Me gusta esta tendencia”, sonríe. “Está bueno que haya más energía femenina”.

 La charla sigue por incontables caminos. Algunos recuerdos de la reciente gira con Soda Stereo –en la que Tweety volvió a ser parte del clan, en los teclados-, las diferencias de trabajar meticulosamente en la intimidad de un estudio versus tocar en vivo para miles de personas, la moda de lo ‘urban’ en la música y la consagración de Pharrell como ‘el Quincy Jones de esta década’.  Toda una fértil cadena de reflexiones que llega a su fin cuando, con dos contundentes timbrazos, el chofer del taxi anuncia su arribo y es tiempo de salir hacia el aeropuerto.
 
Entonces, mientras toma el equipaje y se alista para partir, la situación del inminente viaje trae a su memoria una última anécdota.

“Cuando fuimos a Londres con Fito, para hacer “El amor después del amor”, yo llevaba siempre encima la autobiografía de George Martin, pensando que me lo podía encontrar en algún pasillo del estudio donde trabajábamos”, narra, entusiasmado. “Finalmente, nunca me lo crucé, así que me volví a Buenos Aires, y el libro se lo dejé al ingeniero de grabación. A los dos meses, para mi sorpresa, me llega la biografía de vuelta por correo. Entonces la abro, y ahí estaba el tesoro. En la primera página, me encuentro escrita una frase, de puño y letra: ‘Mis mejores deseos para Tweety. Firmado: George Martin’.


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Tweety González: Pulir la música hasta que brille

04 de Noviembre de 2008

- Valeria Agis, Buenos Aires


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Tweety González.

Son las 9 AM de un día fresco. Tweety González espera, con su equipaje listo y un humor mejor de lo que cualquiera podría suponer para esa hora, que llegue el auto que lo conducirá hasta el aeropuerto de Buenos Aires, donde un par de horas después deberá emprender un vuelo directo hacia el corazón de México.  

Mientras eso ocurre, y se van ultimando los lógicos detalles finales antes de cualquier viaje, Tweety, nominado como Productor del Año de los próximos Latin Grammy por su trabajo en el álbum debut de la mexicana Ximena Sariñana, empieza la mañana hablando de su héroe: “Para mí, el más grande, el ‘productor de productores’, es indudablemente George Martin. Es más, creo que el concepto de producción, como lo entendemos hoy en día, empezó con él. Yo escuché a los Beatles por primera vez a los 13 años. Y ya desde esa edad pensaba que había ‘algo’ en esos discos que los diferenciaban del resto. Bueno; ese ‘algo’ era George Martin”.

En contraste con la moderada atención que la figura del productor hoy capta dentro del público en general, puertas adentro de la industria de la música cualquiera sabe hace tiempo que, el minucioso, obsesivo y artesanal trabajo de producción, es un punto clave para el éxito de un álbum.

Tweety, que entre sus créditos atesora el haber trabajado –como músico, productor, ingeniero o consultor de sonido- con Soda Stereo, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Ilya Kuryaki and The Valderramas y haber formado también el dúo Acida junto con Alina Gandini, medita un instante sobre ésto y dice que le gusta pensar que un productor es como un director de cine; esa figura escondida, que jamás aparece como protagonista de la historia, y sin embargo es un factor clave de ella.  

“Hay muchos métodos y formas de hacer un disco. Eso puede variar siempre”, propone. “Lo que no varía en el rol de un productor es su forma de ‘defender’ al músico que está en la tapa. Es un trabajo integral; hay que estar involucrado en todo, desde lo más artístico, que es la música,  hasta otros ítems menos creativos pero que también forman parte de una grabación, por ejemplo mantenerse dentro del presupuesto del disco, respetar el tiempo que hay pautado para hacerlo, etc. Un productor es como un coach escondido atrás de los sonidos, o como un director de una película. Me entusiasma pensar en esa comparación”.

  “Mediocre”, el súper promisorio debut de Sariñana, es una de las últimas criaturas nacidas bajo el sello Tweety, sin dudas uno de los productores latinoamericanos que mejor se maneja dentro del pop-rock y el electropop, y que más le escapa a esos cíclicos y desgastados clichés del ‘rock en español’.

“Cuando uno trabaja con una canción, empieza a pulirla, hasta ese punto en el que ya parece que brilla bien", dice. "Pero en el arte, como en todos los órdenes, hay que saber cuándo parar. Un buen productor tiene que encontrar el punto exacto, porque eso lo diferencia, eso crea su propio estilo. La realidad es que un disco poco producido suena pobre, y uno sobreproducido suena a exceso, hace perder la frescura del artista. Por ejemplo, pienso en el caso de Ximena. Yo recibí demos tan buenos de sus temas, que mantener esa inocencia, esa pasión de las versiones originales, fue una prioridad dentro del trabajo de producción”.
   
El entusiasmo aflora de su boca cada vez que habla de “Mediocre”, o de algunos otros trabajos del pasado que quedaron grabados para siempre en su mente, como “Horno para calentar los mares” de los Kuryaki –“el disco con el que más me divertí en toda mi vida”, o el ceratiano “Ahí vamos” –“un álbum del que me honra haber sido parte”. Pero reflexionar sobre la actualidad de la música resulta para Tweety un tanto más desabrido.

“Hay dos cosas que suceden simultáneamente en este momento", dice. "Por un lado, se repiten hasta el hartazgo algunas fórmulas; esas que, como ya resultaron exitosas, ahora todo el mundo quiere tener. Obviamente, eso empobrece la música y colabora para que todo suene más o menos parecido al oído del público, atentando contra la variedad y la personalidad de los músicos.

 “Pero a la vez”, continúa, “están apareciendo también algunos artistas que marcan ese ‘otro’ camino. Están Ximena en México, Francisca Valenzuela en Chile, o Loli Molina en Argentina, por ejemplo. Ellas van claramente por otro lado; apuestan a hacer algo diferente. En la música en español, la renovación viene por el lado femenino. Pareciera como si, a partir de Julieta Venegas, muchas otras chicas se hubieran animado a mostrar su música. Ya no buscan ser coristas de una banda, ahora son líderes. Me gusta esta tendencia”, sonríe. “Está bueno que haya más energía femenina”.

 La charla sigue por incontables caminos. Algunos recuerdos de la reciente gira con Soda Stereo –en la que Tweety volvió a ser parte del clan, en los teclados-, las diferencias de trabajar meticulosamente en la intimidad de un estudio versus tocar en vivo para miles de personas, la moda de lo ‘urban’ en la música y la consagración de Pharrell como ‘el Quincy Jones de esta década’.  Toda una fértil cadena de reflexiones que llega a su fin cuando, con dos contundentes timbrazos, el chofer del taxi anuncia su arribo y es tiempo de salir hacia el aeropuerto.
 
Entonces, mientras toma el equipaje y se alista para partir, la situación del inminente viaje trae a su memoria una última anécdota.

“Cuando fuimos a Londres con Fito, para hacer “El amor después del amor”, yo llevaba siempre encima la autobiografía de George Martin, pensando que me lo podía encontrar en algún pasillo del estudio donde trabajábamos”, narra, entusiasmado. “Finalmente, nunca me lo crucé, así que me volví a Buenos Aires, y el libro se lo dejé al ingeniero de grabación. A los dos meses, para mi sorpresa, me llega la biografía de vuelta por correo. Entonces la abro, y ahí estaba el tesoro. En la primera página, me encuentro escrita una frase, de puño y letra: ‘Mis mejores deseos para Tweety. Firmado: George Martin’.
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