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Tango último modelo

26 de Junio de 2008

- Valeria Agis, Buenos Aires


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Un género está vivo cuando evoluciona. Para muchos de sus adeptos en varias latitudes, el tango, después de décadas de deslucimiento, vuelve a ver en la actualidad un nuevo brillo, impensado hasta hace unos pocos años.

A comienzos de este nuevo milenio, se editaron dos discos emblemáticos que fueron, de cierta manera, responsables del acercamiento de los más jóvenes al estilo clásico rioplatense. El primero, “La revancha del tango” (editado en Europa en 2001), pertenecía a un grupo de músicos y DJs franceses, suecos y argentinos residentes en Francia; Gotan Project. El segundo, “Tango club” (2002), era obra de un colectivo de artistas rioplatenses comandados por Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico, bautizados como Bajofondo. Ambos trabajos proponían, con una mirada muy ‘de nuevo siglo’, lo que en los ‘50 y ‘60 había propuesto Piazzolla: vincular el tango con sonidos contemporáneos, para vivificarlo y acercarlo a la realidad. Ese fue el comienzo del tango-electrónica, o ‘electrotango’, que hoy tiene una enorme variedad de cultores y que, indiscutiblemente, hizo resurgir el género entre las nuevas generaciones.   

Ya está a la venta en los Estados Unidos “Mar dulce”, el esperado segundo álbum de Bajofondo. Juan Campodónico mira hacia atrás en la historia del colectivo y reflexiona acerca de las diferencias entre aquel comienzo tímido y el feliz posicionamiento del tango-electrónica al día de hoy.

“Bajofondo se ha ido haciendo sobre la marcha," dice. "Cuando empezamos, no partimos de algo definido. Eramos un proyecto de laboratorio y de exploración, un grupo de productores en un estudio, grabando y probando cosas sobre un territorio poco particular. Cuando arrancó este proyecto no existía la categoría ‘electrotango’, o no había tantos ejemplos. Ponerle 'Tango club' al disco era un intento de explicar lo que éramos. Teníamos algo que ver con el tango y con lo electrónico, pero a la vez éramos mucho más que eso”.

Esta última idea que expresa uno de los fuertes idearios de Bajofondo es la línea que el grupo siguió para la concreción de su segundo álbum, en el cual, según ellos mismos, “el tango no es la esencia de nuestra música”.

Luciano Supervielle –el único miembro de la banda que editó, bajo el ala del colectivo, un disco en solitario, redondea este concepto.

“Ya no nos gusta que nos pongan en la categoría de ‘electrotango’," dice. "Porque vamos mucho más allá de esos límites. Bajofondo hoy tiene rock, candombe, hip-hop y todo tiene que ver con nuestra identidad”.

Como contrapropuesta, desde la acera más clásica del tango actual en Buenos Aires, está la Orquesta Típica Fernández Fierro (OTFF), una agrupación de 12 músicos jóvenes que desde 2001 se organiza en forma cooperativa, edita sus discos de manera independiente y administra su propio club, en el que todos los miércoles presenta sus shows en vivo.

Lo más fuerte de ‘la Fernández Fierro’ –como se la conoce en el ambiente- es que, pese a ser un grupo que respeta la formación de las orquestas tangueras de antaño, vibra con una energía y una pasión tal que fácilmente podría confundirse a cualquiera de sus miembros con un músico de rock. Es más: la estética de la banda incluye dreadlocks, anteojos negros, zapatillas y otros elementos que desdibujan la frontera entre tango y rock.

 “¿Nuevo tango?”, se pregunta Walter ‘Chino’ Laborde, cantor de la OTFF. "Lo del nuevo tango es un rótulo. Hay una resurrección del género, esto sí es cierto. El siglo XXI nos abrió nuevamente al tango, que estuvo muerto entre los años ‘80 y ‘90. Por entonces todavía estaba vivo Piazzolla y Goyeneche andaba dando vueltas por ahí. Por suerte, algunos de esos grandes, como Goyeneche y Pugliese, se empezaron a juntar con la gente del rock, que era el género más fuerte. Ahí empezó a fluir la cuestión, porque muchos rockeros empezaron a hacer canciones con letras que parecen tangos. Los Redondos, Charly García, Fito Páez.. Es todo tango con otra música. Por suerte ellos tendieron un puente, y ahora se da este auge”.
 
Para Laborde, que hoy en día haya chicos de 16 ó 17 años que deciden pasar su sábado a la noche en una milonga, o que tomen clases de bandoneón, no tiene tanto que ver con las propuestas del mix electrotango, sino con haber refrescado al tango con una actitud rockera, algo que desde Daniel Melingo con su “Tangos bajos” (1999) hasta Andrés Calamaro con “Tinta roja” (2006), por citar apenas algunos, entendieron a la perfección.
 
“Santaolalla hizo lo que tenía que hacer, porque alguien tenía que hacerlo”, opina respetuosamente el vocalista, acerca de Bajofondo. “A mí me da felicidad pensar en el electrotango, porque ir a bailar a una disco, y que ahora puedan sonar esos acordes y que la gente salte en la pista, es genial. Gustavo es un tipo muy exitoso, y eso le dio mucho impulso al tema. Claro, ahora mucha gente ‘se colgó’ del tango. Pero, como todo, después las modas caen y lo que queda es lo verdadero”.
    
Con una sintonía similar a la de la Fernández Fierro, pero tomando directamente el rock como punto de partida, la gente de Altertango –originarios de la provincia argentina de Mendoza- toman en su repertorio algunos clásicos de Fito Páez y de Los Fabulosos Cadillacs, por ejemplo, y pasándolos por el filtro del 2x4 los convierten en auténticos ‘tangazos’.  

“Es que el tango atraviesa el rock de una manera muy fuerte," declara Elbi Olalla, pianista de este quinteto, en cuyos discos hay versiones de “Los condenaditos”, de Cadillacs, “Rock yugular” de los Redonditos de Ricota y “Tumbas de la gloria”, de Páez. “Esto diferenció siempre al rock argentino del mexicano, o del chileno, por ejemplo. Muchas canciones rockeras tienen todos los elementos literarios y rítmicos como para ser un tango. Nosotros tocamos con bajo y batería, sí, pero hacemos tango”.
 
 Finalmente, cuando llega el turno de reflexionar acerca del por qué, más allá de las fusiones y las remezclas, el tango hoy tiene un nuevo impulso, Campodónico y Supervielle señalan desde Bajofondo que la música también es cíclica y que “después de 30 años escuchando pop, rock, jazz y blues, era lógico que íbamos a volver a pensar en los géneros más tradicionales”.
 
El Chino Laborde lo ve con un ojo político y apelando al lunfardo, el dialecto del tango porteño.

“Son muchos los motivos," dice. "En la Argentina había gente en el poder que no quería que esta música esté presente en las clases populares, porque el tango, como decía mi abuelo, ‘aviva giles’. Por otra parte, siempre se utilizó como ‘estampita’ a la figura de Carlos Gardel, que es muy de principio de siglo y hoy la gente común no puede identificar como un ‘par’.

"Por suerte," termina El Chino, "Ahora el género está abierto, la gente tiene la mente más amplia, y los músicos pueden mirar el tango y hacer, justamente, lo que se les canta”.


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Tango último modelo

26 de Junio de 2008

- Valeria Agis, Buenos Aires


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Un género está vivo cuando evoluciona. Para muchos de sus adeptos en varias latitudes, el tango, después de décadas de deslucimiento, vuelve a ver en la actualidad un nuevo brillo, impensado hasta hace unos pocos años.

A comienzos de este nuevo milenio, se editaron dos discos emblemáticos que fueron, de cierta manera, responsables del acercamiento de los más jóvenes al estilo clásico rioplatense. El primero, “La revancha del tango” (editado en Europa en 2001), pertenecía a un grupo de músicos y DJs franceses, suecos y argentinos residentes en Francia; Gotan Project. El segundo, “Tango club” (2002), era obra de un colectivo de artistas rioplatenses comandados por Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico, bautizados como Bajofondo. Ambos trabajos proponían, con una mirada muy ‘de nuevo siglo’, lo que en los ‘50 y ‘60 había propuesto Piazzolla: vincular el tango con sonidos contemporáneos, para vivificarlo y acercarlo a la realidad. Ese fue el comienzo del tango-electrónica, o ‘electrotango’, que hoy tiene una enorme variedad de cultores y que, indiscutiblemente, hizo resurgir el género entre las nuevas generaciones.   

Ya está a la venta en los Estados Unidos “Mar dulce”, el esperado segundo álbum de Bajofondo. Juan Campodónico mira hacia atrás en la historia del colectivo y reflexiona acerca de las diferencias entre aquel comienzo tímido y el feliz posicionamiento del tango-electrónica al día de hoy.

“Bajofondo se ha ido haciendo sobre la marcha," dice. "Cuando empezamos, no partimos de algo definido. Eramos un proyecto de laboratorio y de exploración, un grupo de productores en un estudio, grabando y probando cosas sobre un territorio poco particular. Cuando arrancó este proyecto no existía la categoría ‘electrotango’, o no había tantos ejemplos. Ponerle 'Tango club' al disco era un intento de explicar lo que éramos. Teníamos algo que ver con el tango y con lo electrónico, pero a la vez éramos mucho más que eso”.

Esta última idea que expresa uno de los fuertes idearios de Bajofondo es la línea que el grupo siguió para la concreción de su segundo álbum, en el cual, según ellos mismos, “el tango no es la esencia de nuestra música”.

Luciano Supervielle –el único miembro de la banda que editó, bajo el ala del colectivo, un disco en solitario, redondea este concepto.

“Ya no nos gusta que nos pongan en la categoría de ‘electrotango’," dice. "Porque vamos mucho más allá de esos límites. Bajofondo hoy tiene rock, candombe, hip-hop y todo tiene que ver con nuestra identidad”.

Como contrapropuesta, desde la acera más clásica del tango actual en Buenos Aires, está la Orquesta Típica Fernández Fierro (OTFF), una agrupación de 12 músicos jóvenes que desde 2001 se organiza en forma cooperativa, edita sus discos de manera independiente y administra su propio club, en el que todos los miércoles presenta sus shows en vivo.

Lo más fuerte de ‘la Fernández Fierro’ –como se la conoce en el ambiente- es que, pese a ser un grupo que respeta la formación de las orquestas tangueras de antaño, vibra con una energía y una pasión tal que fácilmente podría confundirse a cualquiera de sus miembros con un músico de rock. Es más: la estética de la banda incluye dreadlocks, anteojos negros, zapatillas y otros elementos que desdibujan la frontera entre tango y rock.

 “¿Nuevo tango?”, se pregunta Walter ‘Chino’ Laborde, cantor de la OTFF. "Lo del nuevo tango es un rótulo. Hay una resurrección del género, esto sí es cierto. El siglo XXI nos abrió nuevamente al tango, que estuvo muerto entre los años ‘80 y ‘90. Por entonces todavía estaba vivo Piazzolla y Goyeneche andaba dando vueltas por ahí. Por suerte, algunos de esos grandes, como Goyeneche y Pugliese, se empezaron a juntar con la gente del rock, que era el género más fuerte. Ahí empezó a fluir la cuestión, porque muchos rockeros empezaron a hacer canciones con letras que parecen tangos. Los Redondos, Charly García, Fito Páez.. Es todo tango con otra música. Por suerte ellos tendieron un puente, y ahora se da este auge”.
 
Para Laborde, que hoy en día haya chicos de 16 ó 17 años que deciden pasar su sábado a la noche en una milonga, o que tomen clases de bandoneón, no tiene tanto que ver con las propuestas del mix electrotango, sino con haber refrescado al tango con una actitud rockera, algo que desde Daniel Melingo con su “Tangos bajos” (1999) hasta Andrés Calamaro con “Tinta roja” (2006), por citar apenas algunos, entendieron a la perfección.
 
“Santaolalla hizo lo que tenía que hacer, porque alguien tenía que hacerlo”, opina respetuosamente el vocalista, acerca de Bajofondo. “A mí me da felicidad pensar en el electrotango, porque ir a bailar a una disco, y que ahora puedan sonar esos acordes y que la gente salte en la pista, es genial. Gustavo es un tipo muy exitoso, y eso le dio mucho impulso al tema. Claro, ahora mucha gente ‘se colgó’ del tango. Pero, como todo, después las modas caen y lo que queda es lo verdadero”.
    
Con una sintonía similar a la de la Fernández Fierro, pero tomando directamente el rock como punto de partida, la gente de Altertango –originarios de la provincia argentina de Mendoza- toman en su repertorio algunos clásicos de Fito Páez y de Los Fabulosos Cadillacs, por ejemplo, y pasándolos por el filtro del 2x4 los convierten en auténticos ‘tangazos’.  

“Es que el tango atraviesa el rock de una manera muy fuerte," declara Elbi Olalla, pianista de este quinteto, en cuyos discos hay versiones de “Los condenaditos”, de Cadillacs, “Rock yugular” de los Redonditos de Ricota y “Tumbas de la gloria”, de Páez. “Esto diferenció siempre al rock argentino del mexicano, o del chileno, por ejemplo. Muchas canciones rockeras tienen todos los elementos literarios y rítmicos como para ser un tango. Nosotros tocamos con bajo y batería, sí, pero hacemos tango”.
 
 Finalmente, cuando llega el turno de reflexionar acerca del por qué, más allá de las fusiones y las remezclas, el tango hoy tiene un nuevo impulso, Campodónico y Supervielle señalan desde Bajofondo que la música también es cíclica y que “después de 30 años escuchando pop, rock, jazz y blues, era lógico que íbamos a volver a pensar en los géneros más tradicionales”.
 
El Chino Laborde lo ve con un ojo político y apelando al lunfardo, el dialecto del tango porteño.

“Son muchos los motivos," dice. "En la Argentina había gente en el poder que no quería que esta música esté presente en las clases populares, porque el tango, como decía mi abuelo, ‘aviva giles’. Por otra parte, siempre se utilizó como ‘estampita’ a la figura de Carlos Gardel, que es muy de principio de siglo y hoy la gente común no puede identificar como un ‘par’.

"Por suerte," termina El Chino, "Ahora el género está abierto, la gente tiene la mente más amplia, y los músicos pueden mirar el tango y hacer, justamente, lo que se les canta”.
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