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El círculo vicioso

16 de Abril de 2008

- Juan Paz, Londres


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Tarabu es una de las alternativas para las compras digitales en México.

Por varios años ya, venimos leyendo y escuchando que las ventas digitales en Latinoamérica nada que despegan. De hecho, cuando en Japón se venden anualmente más de 460 millones de canciones vía canales digitales equivalentes a 700 millones de dólares, las ventas digitales en Latinoamérica no llegan a los 30 millones de dólares. Además, la actividad digital en la región está concentrada en la venta de ringtones y pre-cargas en celulares nuevos, lo cual no son descargas digitales como tal.

El precio de la música y en este caso también de los reproductores digitales juega un papel protagónico frente a una limitada capacidad en gasto. Pero también hay que considerar la desconfianza en las transacciones en línea, sumado a la baja penetración de tarjetas de crédito y por supuesto el lento avance de la banda ancha en la región.

Igualmente la lucha en contra de la piratería en línea es difícil y sobretodo muy costosa en imagen para los sellos discográficos y la industria en general. Además que en vista de otros problemas de mayor prioridad que enfrentan los gobiernos y las autoridades locales, es casi imposible lograr mejores resultados.

También hay que aceptar que hace falta promoción, no solo de los nuevos servicios, sino también de nueva música y nuevos artistas. Pocos medios especializados y muy pocas personas escribiendo sobre nuevas bandas y nuevos sonidos. Al final es un círculo vicioso de varios factores, en donde uno esperaría que la distribución y la promoción digital tienen el potencial de romperlo.

Pero, ¿por qué pagar por la música cuando se puede descargar gratuitamente? Porque detrás hay una inversión y un trabajo legítimo, que además  en la medida que exista la remuneración, permite el desarrollo y la promoción de nuevos artistas. De esta forma el sector crece, al contrario de recortarse y casi acabarse como está ocurriendo en la actualidad. Estamos hablando, eso si, de un precio justo.

Sin embargo la realidad es que la música gratis está y estará allí, así que lo que veremos serán modelos de distribución de música que para el usuario se sienta gratis, pero donde el precio es cargado y asumido de manera diferente garantizando la repartición justa de las regalías. ¿Cuándo? Esa es la pregunta del millón.

Lo que si está claro es que en Latinoamérica estos servicios vendrán de la mano de operadores móviles soportados en un creciente número de celulares con capacidad de reproducir música, así como de proveedores del servicio de Internet, quienes al igual que los operadores móviles, tienen ya un sistema de facturación que no implica el uso de tarjetas de crédito. Lo que en los Estados Unidos y Europa se conoce como el "triple play" (paquete de banda ancha, televisión y telefonía), será la norma y seguramente la música se convertirá en parte de la oferta.

La descarga constante de datos vía redes móviles será algo común; la penetración de banda ancha seguirá creciendo y será verdaderamente ancha; la música estará disponible casi de manera ilimitada, aparentemente gratis o a un precio justo; y finalmente el negocio se normalizará. Además, dejaremos de consumir pirata. ¿Será que si?



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El círculo vicioso

16 de Abril de 2008

- Juan Paz, Londres


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Tarabu es una de las alternativas para las compras digitales en México.

Por varios años ya, venimos leyendo y escuchando que las ventas digitales en Latinoamérica nada que despegan. De hecho, cuando en Japón se venden anualmente más de 460 millones de canciones vía canales digitales equivalentes a 700 millones de dólares, las ventas digitales en Latinoamérica no llegan a los 30 millones de dólares. Además, la actividad digital en la región está concentrada en la venta de ringtones y pre-cargas en celulares nuevos, lo cual no son descargas digitales como tal.

El precio de la música y en este caso también de los reproductores digitales juega un papel protagónico frente a una limitada capacidad en gasto. Pero también hay que considerar la desconfianza en las transacciones en línea, sumado a la baja penetración de tarjetas de crédito y por supuesto el lento avance de la banda ancha en la región.

Igualmente la lucha en contra de la piratería en línea es difícil y sobretodo muy costosa en imagen para los sellos discográficos y la industria en general. Además que en vista de otros problemas de mayor prioridad que enfrentan los gobiernos y las autoridades locales, es casi imposible lograr mejores resultados.

También hay que aceptar que hace falta promoción, no solo de los nuevos servicios, sino también de nueva música y nuevos artistas. Pocos medios especializados y muy pocas personas escribiendo sobre nuevas bandas y nuevos sonidos. Al final es un círculo vicioso de varios factores, en donde uno esperaría que la distribución y la promoción digital tienen el potencial de romperlo.

Pero, ¿por qué pagar por la música cuando se puede descargar gratuitamente? Porque detrás hay una inversión y un trabajo legítimo, que además  en la medida que exista la remuneración, permite el desarrollo y la promoción de nuevos artistas. De esta forma el sector crece, al contrario de recortarse y casi acabarse como está ocurriendo en la actualidad. Estamos hablando, eso si, de un precio justo.

Sin embargo la realidad es que la música gratis está y estará allí, así que lo que veremos serán modelos de distribución de música que para el usuario se sienta gratis, pero donde el precio es cargado y asumido de manera diferente garantizando la repartición justa de las regalías. ¿Cuándo? Esa es la pregunta del millón.

Lo que si está claro es que en Latinoamérica estos servicios vendrán de la mano de operadores móviles soportados en un creciente número de celulares con capacidad de reproducir música, así como de proveedores del servicio de Internet, quienes al igual que los operadores móviles, tienen ya un sistema de facturación que no implica el uso de tarjetas de crédito. Lo que en los Estados Unidos y Europa se conoce como el "triple play" (paquete de banda ancha, televisión y telefonía), será la norma y seguramente la música se convertirá en parte de la oferta.

La descarga constante de datos vía redes móviles será algo común; la penetración de banda ancha seguirá creciendo y será verdaderamente ancha; la música estará disponible casi de manera ilimitada, aparentemente gratis o a un precio justo; y finalmente el negocio se normalizará. Además, dejaremos de consumir pirata. ¿Será que si?
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