
Un precio bajo ayudó a las ventas de Juan Luis Guerra en Colombia.
Resulta difícil comprender como a pesar de ser
caracterizada por su inmensa diversidad musical con visos de
pasión, Latinoamérica solo marca un pequeño punto en el radar de la
industria discográfica global. De hecho, según datos de la
Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI por sus
siglas en inglés), durante el año 2006 las ventas de música en la
región apenas superaron los $920 millones de dólares, lo cual
corresponde al 3% de las ventas totales.
Y la diferencia con otros países desarrollados es abrumadora: Mientras que los estadounidenses gastan anualmente en música un promedio de casi $40 dólares por persona, en los cinco mercados más importantes por ventas de música de la región (México, Brasil, Argentina, Colombia y Chile) el promedio del gasto per capita apenas sobrepasa los dos dólares.
¿Pero cuáles son las razones detrás de unas cifras tan bajas? Por un lado es claro el fuerte impacto de la ilegalidad y la piratería física, agravado últimamente por el impacto de la piratería en línea. Pero por otro, también está el impacto que han generado precios completamente alejados de la realidad de la capacidad de consumo de la mayoría de los latinoamericanos.
Es interesante mirar el ejemplo de Argentina, país en donde debido a la gran crisis del 2002 la industria no tuvo otra salida que recortar significativamente sus precios. Como resultado, Argentina se ha ubicado dentro del selectísimo grupo donde las ventas de música han crecido de manera consecutiva durante los últimos años. Aunque para algunos en vez de crecimiento se trata de recuperación, es evidente que el mercado ha venido reaccionando positivamente.
Otro caso para comentar es el ocurrido a mediados del 2007 en Colombia. En solo tres días EMI logró superar las 17.000 unidades en ventas de "La llave de mi corazón", el último trabajo del dominicano Juan Luis Guerra. Según me lo confirmó en su tiempo la cabeza de EMI Colombia, lograr ese nivel les hubiera tomado normalmente de 4 a 6 meses. ¿La clave? El precio: Los vendieron en el equivalente a unos nueve dólares, que aunque sigue siendo un precio relativamente alto, es mucho menor a los $22 dólares que cuesta un CD promedio en una tienda de música en Colombia.
Sin embargo, con el reciente lanzamiento de nuevos servicios para la descarga de música vía redes celulares en Brasil, Argentina y Colombia por parte del gigante mexicano de las telecomunicaciones América Móvil, pareciera que no hay indicios de cambio frente a las estrategias de precios. En el caso de Colombia, al incluir la tarifa por descarga de datos y los impuestos, descargar una canción cuesta el equivalente a casi tres dólares.
Surge entonces la pregunta: ¿Será qué ésta es la manera adecuada para motivar e impulsar un mercado que cada día está más alejado de la legalidad?
En los Estados Unidos y Europa, donde el poder adquisitivo es muchas veces mayor, la industria ha reaccionado reduciendo precios; y en la parte digital, probando nuevos modelos de negocio, además de retirar las restricciones digitales a las descargas. Puede que en nuestra región todavía estemos en los principios del aprendizaje digital, pero no hay duda de que es hora de manejar precios razonables y modelos bastante más audaces. De lo contrario será muy tarde para dar marcha atrás.
Y la diferencia con otros países desarrollados es abrumadora: Mientras que los estadounidenses gastan anualmente en música un promedio de casi $40 dólares por persona, en los cinco mercados más importantes por ventas de música de la región (México, Brasil, Argentina, Colombia y Chile) el promedio del gasto per capita apenas sobrepasa los dos dólares.
¿Pero cuáles son las razones detrás de unas cifras tan bajas? Por un lado es claro el fuerte impacto de la ilegalidad y la piratería física, agravado últimamente por el impacto de la piratería en línea. Pero por otro, también está el impacto que han generado precios completamente alejados de la realidad de la capacidad de consumo de la mayoría de los latinoamericanos.
Es interesante mirar el ejemplo de Argentina, país en donde debido a la gran crisis del 2002 la industria no tuvo otra salida que recortar significativamente sus precios. Como resultado, Argentina se ha ubicado dentro del selectísimo grupo donde las ventas de música han crecido de manera consecutiva durante los últimos años. Aunque para algunos en vez de crecimiento se trata de recuperación, es evidente que el mercado ha venido reaccionando positivamente.
Otro caso para comentar es el ocurrido a mediados del 2007 en Colombia. En solo tres días EMI logró superar las 17.000 unidades en ventas de "La llave de mi corazón", el último trabajo del dominicano Juan Luis Guerra. Según me lo confirmó en su tiempo la cabeza de EMI Colombia, lograr ese nivel les hubiera tomado normalmente de 4 a 6 meses. ¿La clave? El precio: Los vendieron en el equivalente a unos nueve dólares, que aunque sigue siendo un precio relativamente alto, es mucho menor a los $22 dólares que cuesta un CD promedio en una tienda de música en Colombia.
Sin embargo, con el reciente lanzamiento de nuevos servicios para la descarga de música vía redes celulares en Brasil, Argentina y Colombia por parte del gigante mexicano de las telecomunicaciones América Móvil, pareciera que no hay indicios de cambio frente a las estrategias de precios. En el caso de Colombia, al incluir la tarifa por descarga de datos y los impuestos, descargar una canción cuesta el equivalente a casi tres dólares.
Surge entonces la pregunta: ¿Será qué ésta es la manera adecuada para motivar e impulsar un mercado que cada día está más alejado de la legalidad?
En los Estados Unidos y Europa, donde el poder adquisitivo es muchas veces mayor, la industria ha reaccionado reduciendo precios; y en la parte digital, probando nuevos modelos de negocio, además de retirar las restricciones digitales a las descargas. Puede que en nuestra región todavía estemos en los principios del aprendizaje digital, pero no hay duda de que es hora de manejar precios razonables y modelos bastante más audaces. De lo contrario será muy tarde para dar marcha atrás.
