- Valeria Agis, Buenos Aires

Don Omar.
Lugar: Estadio Luna Park (Buenos Aires, Argentina).
Fecha: 15 de diciembre de 2008.
Brota un calor agobiante de las calles del centro porteño. Los
relojes marcan ya las 8 de la noche, pero el cielo está claro aún y
la luz del día no se da por vencida. En los alrededores del estadio
Luna Park, este famoso recinto que a comienzos del siglo XX albergó
los más grandes espectáculos del deporte y que el paso del tiempo
fue contagiando de música [sobre su escenario supieron pasar Frank
Sinatra y Luciano Pavarotti, entre otros] hay una mezcla extraña de
gente recién salida de las oficinas; chicos con jeans enormes,
cadenas y pañuelos en la cabeza; chicas orgullosas de sus siluetas
metidas en ajustadísimos tops y stilettos. ‘Reggaetoneros del Cono
Sur’, podría decirse.
Todos están allí para ser testigos de un único espectáculo: ver
sobre el tablado al ‘Rey de reyes’, a ‘El que todo lo pega’ y todas
esas tantas otras formas con las que este artista es bien conocido
entre sus seguidores.
Adentro del estadio, el público ya instalado en sus asientos pide a
gritos ‘Don Omar’, ‘Don Omar’. Makano --artista invitado para abrir
los shows de esta gira ‘Reggaeton Live Festival’-- acaba de cerrar
con buena recepción su set de baladas, como un intento de plantar
también en tierras sureñas la prominente semilla del romantic
style.
Es difícil explicar qué hace que una audiencia tan especial –y por
años extremadamente reticente a los ritmos caribeños- como la de
este país, esté ahora seducida por un género que no habla
exactamente con sus mismas palabras, que no representa del todo el
sentir de sus barrios. Y sin embargo, ocurre. Las luces bajan, la
música sube, Don Omar pone un pie en el escenario, y el lugar
explota.
“Salvaje”, “Repórtense” y “Ronca” son algunas de las que
primero suenan en la noche. El puertorriqueño arma en escena un
coctail especial que nadie quiere perderse: fuerza, arremetedor
carisma, coreografías súper hot y una centelleante puesta que
impide sacar los ojos de la inagotable acción que se sucede sobre
las tablas. Todo, además, regado con palabras de elogio y aprecio,
una estocada certera por si todavía quedaba alguien entre la
audiencia sin rendirse a sus pies: “Besos para las féminas y
apretones de mano para los caballeros”, “Argentina, aquí me siento
como en casa” y varios cumplidos más que se extienden naturalmente
hasta desembocar en el momento íntimo de un show cuidado, con
buenos coros y demoledoras percusiones.
Entonces la danza y la parafernalia (vapor, fuego, pirotecnia) que
forma parte del temple más caliente del set le ceden paso al
romance. Allí aparecen “Tú no sabes”, el ‘oldie’ “Quien la vio
llorar”, “Vuelve” y también “Infieles”; toda una arenga apasionada
de amor correspondido entre el reggaetonero estrella y la platea
femenina, que arroja regalitos al escenario, grita, canta y se
enardece.
Así sigue el ambiente durante este potente concierto de una hora y
media. Hacia el final, la energía vuelve a subir bien alto,
coronada de hits. “Bandolero”, “Angelito”, el nuevo single “Virtual
Diva” y “Las mujeres de tu vida” con el local Guillermo Novellis
–cantante del grupo La Mosca- como invitado en voz suben a flote,
junto con varios otros de los tracks más callejeros de su historia.
Don Omar agradece siempre, al público, a las fuerzas superiores, a
las vivencias de su infancia que marcaron su presente. Dice que hay
que ‘hablar del hambre, del abuso’, y es escuchado atentamente por
la multitud. No en vano el boricua se ve a sí mismo como ‘un
comunicador’ más que un artista.
El cierre llega con los esperados “Otra noche”, “Dale Don dale” y
“Ayer la vi”. Después del baile, ‘El Rey’ baja de escena y todo
indica que habrá una pronta nueva visita: en la sala, agotados,
rendidos, transpirados y felices, quedan solo sus súbditos,
pidiendo más.
Don Omar: Mucho calor
16 de Diciembre, 2008
- Valeria Agis, Buenos Aires

Don Omar.
Lugar: Estadio Luna Park (Buenos Aires, Argentina).
Fecha: 15 de diciembre de 2008.
Brota un calor agobiante de las calles del centro porteño. Los relojes marcan ya las 8 de la noche, pero el cielo está claro aún y la luz del día no se da por vencida. En los alrededores del estadio Luna Park, este famoso recinto que a comienzos del siglo XX albergó los más grandes espectáculos del deporte y que el paso del tiempo fue contagiando de música [sobre su escenario supieron pasar Frank Sinatra y Luciano Pavarotti, entre otros] hay una mezcla extraña de gente recién salida de las oficinas; chicos con jeans enormes, cadenas y pañuelos en la cabeza; chicas orgullosas de sus siluetas metidas en ajustadísimos tops y stilettos. ‘Reggaetoneros del Cono Sur’, podría decirse.
Todos están allí para ser testigos de un único espectáculo: ver sobre el tablado al ‘Rey de reyes’, a ‘El que todo lo pega’ y todas esas tantas otras formas con las que este artista es bien conocido entre sus seguidores.
Adentro del estadio, el público ya instalado en sus asientos pide a gritos ‘Don Omar’, ‘Don Omar’. Makano --artista invitado para abrir los shows de esta gira ‘Reggaeton Live Festival’-- acaba de cerrar con buena recepción su set de baladas, como un intento de plantar también en tierras sureñas la prominente semilla del romantic style.
Es difícil explicar qué hace que una audiencia tan especial –y por años extremadamente reticente a los ritmos caribeños- como la de este país, esté ahora seducida por un género que no habla exactamente con sus mismas palabras, que no representa del todo el sentir de sus barrios. Y sin embargo, ocurre. Las luces bajan, la música sube, Don Omar pone un pie en el escenario, y el lugar explota.
“Salvaje”, “Repórtense” y “Ronca” son algunas de las que primero suenan en la noche. El puertorriqueño arma en escena un coctail especial que nadie quiere perderse: fuerza, arremetedor carisma, coreografías súper hot y una centelleante puesta que impide sacar los ojos de la inagotable acción que se sucede sobre las tablas. Todo, además, regado con palabras de elogio y aprecio, una estocada certera por si todavía quedaba alguien entre la audiencia sin rendirse a sus pies: “Besos para las féminas y apretones de mano para los caballeros”, “Argentina, aquí me siento como en casa” y varios cumplidos más que se extienden naturalmente hasta desembocar en el momento íntimo de un show cuidado, con buenos coros y demoledoras percusiones.
Entonces la danza y la parafernalia (vapor, fuego, pirotecnia) que forma parte del temple más caliente del set le ceden paso al romance. Allí aparecen “Tú no sabes”, el ‘oldie’ “Quien la vio llorar”, “Vuelve” y también “Infieles”; toda una arenga apasionada de amor correspondido entre el reggaetonero estrella y la platea femenina, que arroja regalitos al escenario, grita, canta y se enardece.
Así sigue el ambiente durante este potente concierto de una hora y media. Hacia el final, la energía vuelve a subir bien alto, coronada de hits. “Bandolero”, “Angelito”, el nuevo single “Virtual Diva” y “Las mujeres de tu vida” con el local Guillermo Novellis –cantante del grupo La Mosca- como invitado en voz suben a flote, junto con varios otros de los tracks más callejeros de su historia. Don Omar agradece siempre, al público, a las fuerzas superiores, a las vivencias de su infancia que marcaron su presente. Dice que hay que ‘hablar del hambre, del abuso’, y es escuchado atentamente por la multitud. No en vano el boricua se ve a sí mismo como ‘un comunicador’ más que un artista.
El cierre llega con los esperados “Otra noche”, “Dale Don dale” y “Ayer la vi”. Después del baile, ‘El Rey’ baja de escena y todo indica que habrá una pronta nueva visita: en la sala, agotados, rendidos, transpirados y felices, quedan solo sus súbditos, pidiendo más.