
Photo by Beto Landoni
Bright Eyes
Dónde: Buenos Aires (Trastienda Club)
Fecha: 19 de julio de 2008
¿Cómo termina un nada comercial chico de Omaha, Nebraska, siendo aplaudido por una abultada concurrencia, un sábado a la noche, en un club argentino? Simple: Gracias al festival Nuevos Aires Folk, una interesante propuesta que, por tercera vez, convoca al sur del mundo a artistas locales e internacionales de la nueva generación de la 'canción', en su sentido más literal.
Con el buen antecedente de sus dos ediciones anteriores, en las que José González, Juana Molina, Vetiver y Caléxico colgaron los carteles de sold out aún varios días antes de sus shows, la tercera vuelta del Nuevos Aires Folk se animó a convocar como punto fuerte a Bright Eyes, la banda/alter ego de Conor Oberst, uno de los consabidos 'máximos arquetipos' del nuevo compositor norteamericano.
Junto con él, y para matizar el line up con pinceladas locales, la cartelera propuso a algunos de los más atractivos exponentes de este nuevo folk; que parece ser tan amplio como para mezclar sensibilidad con experimentación electrónica y world music, algo de balada pop por aquí, unos fugaces toques de lo-fi rock por allá. El chileno Gepe, los argentinos Nacho y los Caracoles y Mariana Baraj –invitada estable en percusión al reciente Unplugged de Julieta Venegas- fueron también convocados en esta edición.
Con un público tan heterogéneo como el propio surtido de sonidos que el género parece proponer por estos días (locales, extranjeros, modernos y no tanto, jovencísimos y con más de 40), Oberst subió al escenario como uno de esos nuevos héroes melancólicos y poderosos del indie. Con una puesta simple pero adecuada, un sonido claro y saludable y ningún otro mayor artificio, el acento del show estuvo puesto en esa impactante colección de canciones intensas que el músico destila de su interior como si fueran lágrimas dulces, parado en el escenario con la espalda erguida y la actitud de un casi sabio conquistador.
Sólo eso explica cómo un mercado en el que --tristemente-- sus discos no han sido editados, como ocurre con tantos otros artistas de su talla, se haya acercado a verlo con una profunda sed de refrescar el oído, algo saturado de comercialidad.
Con una formación de trío (acompañado por Nathaniel Walcott y Jason Boesely), el set pareció no guiarse por brújulas ni seguir rígidas predeterminaciones, sino más bien fluir entre los distintos álbumes en su haber, "Fevers and Mirrors" (2000) y "Lifted" (2002), el más reciente "I’m Wide Awake, It’s Morning" (de 2005, con el muy celebrado "First Day of My Life") y "Cassadaga" (2007), su última producción.
Si bien es cierto que muchos curiosos podrán haberse acercado a la obra de Oberst gracias a su fama de 'nuevo Bob Dylan' (una apresurada comparación que ya ha sido varias veces atribuida antes a otros exponentes del género 'canción'), también es verdad que, de todos ellos, la mayoría después permanece fiel a sus filas y se integra de buena gana a su legión de seguidores. Más o menos melancólicos y más o menos conocedores del folk, en el extremo sur del continente, desde hoy Bright Eyes se ganó unos cuantos miembros más para su selecto círculo de admiradores.
Fecha: 19 de julio de 2008
¿Cómo termina un nada comercial chico de Omaha, Nebraska, siendo aplaudido por una abultada concurrencia, un sábado a la noche, en un club argentino? Simple: Gracias al festival Nuevos Aires Folk, una interesante propuesta que, por tercera vez, convoca al sur del mundo a artistas locales e internacionales de la nueva generación de la 'canción', en su sentido más literal.
Con el buen antecedente de sus dos ediciones anteriores, en las que José González, Juana Molina, Vetiver y Caléxico colgaron los carteles de sold out aún varios días antes de sus shows, la tercera vuelta del Nuevos Aires Folk se animó a convocar como punto fuerte a Bright Eyes, la banda/alter ego de Conor Oberst, uno de los consabidos 'máximos arquetipos' del nuevo compositor norteamericano.
Junto con él, y para matizar el line up con pinceladas locales, la cartelera propuso a algunos de los más atractivos exponentes de este nuevo folk; que parece ser tan amplio como para mezclar sensibilidad con experimentación electrónica y world music, algo de balada pop por aquí, unos fugaces toques de lo-fi rock por allá. El chileno Gepe, los argentinos Nacho y los Caracoles y Mariana Baraj –invitada estable en percusión al reciente Unplugged de Julieta Venegas- fueron también convocados en esta edición.
Con un público tan heterogéneo como el propio surtido de sonidos que el género parece proponer por estos días (locales, extranjeros, modernos y no tanto, jovencísimos y con más de 40), Oberst subió al escenario como uno de esos nuevos héroes melancólicos y poderosos del indie. Con una puesta simple pero adecuada, un sonido claro y saludable y ningún otro mayor artificio, el acento del show estuvo puesto en esa impactante colección de canciones intensas que el músico destila de su interior como si fueran lágrimas dulces, parado en el escenario con la espalda erguida y la actitud de un casi sabio conquistador.
Sólo eso explica cómo un mercado en el que --tristemente-- sus discos no han sido editados, como ocurre con tantos otros artistas de su talla, se haya acercado a verlo con una profunda sed de refrescar el oído, algo saturado de comercialidad.
Con una formación de trío (acompañado por Nathaniel Walcott y Jason Boesely), el set pareció no guiarse por brújulas ni seguir rígidas predeterminaciones, sino más bien fluir entre los distintos álbumes en su haber, "Fevers and Mirrors" (2000) y "Lifted" (2002), el más reciente "I’m Wide Awake, It’s Morning" (de 2005, con el muy celebrado "First Day of My Life") y "Cassadaga" (2007), su última producción.
Si bien es cierto que muchos curiosos podrán haberse acercado a la obra de Oberst gracias a su fama de 'nuevo Bob Dylan' (una apresurada comparación que ya ha sido varias veces atribuida antes a otros exponentes del género 'canción'), también es verdad que, de todos ellos, la mayoría después permanece fiel a sus filas y se integra de buena gana a su legión de seguidores. Más o menos melancólicos y más o menos conocedores del folk, en el extremo sur del continente, desde hoy Bright Eyes se ganó unos cuantos miembros más para su selecto círculo de admiradores.
