
Dónde: Nueva York (SummerStage, Central
Park)
Cuándo: 15 de junio de 2008
Los amantes de la salsa desafiaron el calor del verano neoyorquino y a ritmo de Víctor Manuelle festejaron el primer domingo de las series del SummerStage del Central Park.
Ante una multitud latina, de mayoría puertorriqueña, "El sonero de la juventud" no tuvo vacilaciones para prender la fiesta veraniega tras una introducción que solo artistas con muchos hits pueden tener. La orquesta recorrió brevemente la mayoría de éxitos y Víctor Manuelle caminó hasta el centro del escenario y con algo de misterio abrió su presentación. Víctor Manuelle apeló a la memoria cercana y entonó su más reciente sencillo "Yo no se perdonarte", del álbum "Soy".
Como para no perder el tiempo, el cantante se entregó con una seguidilla de sus 'clásicos'. "Como una estrella", "Así es la mujer", "Qué habrá sido de mí" y "Dile a ella" sacaron las parejas a la gran 'pista de baile' que se hizo entre el público.
Con sus seguidores prendidos, el salsero presentó "Yo te quisiera querer", una canción influenciada por el sonido colombiano, también presente en su nuevo CD. Completamente conectado con la audiencia, Víctor Manuelle tomó una bandera puertorriqueña para rendir un homenaje a los salseros de la Isla del Encanto recorriendo canciones de El Gran Combo, La Sonora Ponceña, Ismael Rivera y Tommy Olivencia. Fue un punto alto de su presentanción, probando que su voz tiene la madera de los grandes del género.
Pese al implacable sol sobre la tarima, Víctor Manuelle cerró con lujos. El epílogo lo inicio con "He tratado", con la que jugó al improvisar con parte de la letra de "La gasolina" de Daddy Yankee. Luego puso el toque nacionalista con "Mi salsa", otra canción nueva, a la que siguió "Volverás".
Su tradicional cover de "La vida es un carnaval" fue el final de la fiesta y el momento indicado para ratificar su condición de sonero. Por un lapso de al menos cinco minutos, Víctor Manuelle improvisó mensajes de despedida para su público latino, que se mantuvo fiel a su ídolo y solo se marchó cuando escuchó el último acorde.
Cuándo: 15 de junio de 2008
Los amantes de la salsa desafiaron el calor del verano neoyorquino y a ritmo de Víctor Manuelle festejaron el primer domingo de las series del SummerStage del Central Park.
Ante una multitud latina, de mayoría puertorriqueña, "El sonero de la juventud" no tuvo vacilaciones para prender la fiesta veraniega tras una introducción que solo artistas con muchos hits pueden tener. La orquesta recorrió brevemente la mayoría de éxitos y Víctor Manuelle caminó hasta el centro del escenario y con algo de misterio abrió su presentación. Víctor Manuelle apeló a la memoria cercana y entonó su más reciente sencillo "Yo no se perdonarte", del álbum "Soy".
Como para no perder el tiempo, el cantante se entregó con una seguidilla de sus 'clásicos'. "Como una estrella", "Así es la mujer", "Qué habrá sido de mí" y "Dile a ella" sacaron las parejas a la gran 'pista de baile' que se hizo entre el público.
Con sus seguidores prendidos, el salsero presentó "Yo te quisiera querer", una canción influenciada por el sonido colombiano, también presente en su nuevo CD. Completamente conectado con la audiencia, Víctor Manuelle tomó una bandera puertorriqueña para rendir un homenaje a los salseros de la Isla del Encanto recorriendo canciones de El Gran Combo, La Sonora Ponceña, Ismael Rivera y Tommy Olivencia. Fue un punto alto de su presentanción, probando que su voz tiene la madera de los grandes del género.
Pese al implacable sol sobre la tarima, Víctor Manuelle cerró con lujos. El epílogo lo inicio con "He tratado", con la que jugó al improvisar con parte de la letra de "La gasolina" de Daddy Yankee. Luego puso el toque nacionalista con "Mi salsa", otra canción nueva, a la que siguió "Volverás".
Su tradicional cover de "La vida es un carnaval" fue el final de la fiesta y el momento indicado para ratificar su condición de sonero. Por un lapso de al menos cinco minutos, Víctor Manuelle improvisó mensajes de despedida para su público latino, que se mantuvo fiel a su ídolo y solo se marchó cuando escuchó el último acorde.
