Producido por Beto Cuevas, Aureo Baqueiro y Steve Tushar
Sello: Warner Música Latina
Fecha de lanzamiento: 30 de septiembre
Cuesta entender en un principio por qué, tras casi 20 años de
carrera al frente de La Ley, Beto Cuevas decidió titular su debut
solista "Miedo escénico". Especialmente porque la ironía no es una
de sus debilidades como compositor ni cantante. Y cuando el disco
abre con la canción que le da el nombre --un rock agresivo y
elástico que, entre varios cambios de estructura, incluye una
sección que recuerda al clásico "Maquillaje" de Mecano-- la única
pista que recibimos son los misteriosos versos: “Por suerte somos
únicos / No dependemos más / Mi amor es miedo escénico / Quiero
más, quiero más”. En medio de la ambigüedad lírica es posible
adivinar, sin embargo, que la furia de las guitarras responde --al
igual que la mayoría de la placa-- al dolor de un quiebre
amoroso.
Desde esa perspectiva, en las 12 canciones de "Miedo escénico",
Cuevas le da sustento musicalmente a la idea de que la única forma
elegante de dejar atrás una relación fallida es desde el control y
la compostura. Más veces de las necesarias, Cuevas insiste con el
rock, el grito fácil y el brillo exagerado de su dicción, vicios a
los que se había hecho adicto en La Ley. Ello sucede con el rock
sintético de "La historia que nunca vamos a contar" y "Mi única
verdad", o el single de aires dance "Vuelvo", que podría haberle
abierto una nueva veta estilística. Y es precisamente cuando Cuevas
más se esfuerza por salirse del molde que menos compuesto acaba: la
canción disco/electrónica "Are you sorry?" produce la curiosa
sensación de que escritura e interpretación hubieran sido delegadas
en un androide determinado a imitar --en inglés y con actitud de
malo-- a un Cuevas buscando venganza.
Pero también hay momentos de luz. En varias esquinas del disco el
chileno abandona las máquinas y las guitarras eléctricas --y, con
ello, hasta sus manierismos al micrófono-- por la paz de una
guitarra acústica. Entonces su música suena, al fin, fresca y
auténtica. Es el caso de la delicada "Háblame", donde los versos no
buscan la rima fácil y Cuevas logra misterio e intimidad; o "No me
queda nada", que parece grabada en el suelo de un living, donde
todo es tan silencioso y frágil que hasta hay espacio para que se
escuche de fondo ruido de grillos y de un auto que pasa por la
calle. Es sobre esa alfombra donde quisiéramos que Beto Cuevas
enfrente su miedo escénico componiendo y cantando. --
José
Simián
Beto Cuevas: "Miedo escénico"
22 de Septiembre de 2008
Producido por Beto Cuevas, Aureo Baqueiro y Steve Tushar
Sello: Warner Música Latina
Fecha de lanzamiento: 30 de septiembre
Cuesta entender en un principio por qué, tras casi 20 años de carrera al frente de La Ley, Beto Cuevas decidió titular su debut solista "Miedo escénico". Especialmente porque la ironía no es una de sus debilidades como compositor ni cantante. Y cuando el disco abre con la canción que le da el nombre --un rock agresivo y elástico que, entre varios cambios de estructura, incluye una sección que recuerda al clásico "Maquillaje" de Mecano-- la única pista que recibimos son los misteriosos versos: “Por suerte somos únicos / No dependemos más / Mi amor es miedo escénico / Quiero más, quiero más”. En medio de la ambigüedad lírica es posible adivinar, sin embargo, que la furia de las guitarras responde --al igual que la mayoría de la placa-- al dolor de un quiebre amoroso.
Desde esa perspectiva, en las 12 canciones de "Miedo escénico", Cuevas le da sustento musicalmente a la idea de que la única forma elegante de dejar atrás una relación fallida es desde el control y la compostura. Más veces de las necesarias, Cuevas insiste con el rock, el grito fácil y el brillo exagerado de su dicción, vicios a los que se había hecho adicto en La Ley. Ello sucede con el rock sintético de "La historia que nunca vamos a contar" y "Mi única verdad", o el single de aires dance "Vuelvo", que podría haberle abierto una nueva veta estilística. Y es precisamente cuando Cuevas más se esfuerza por salirse del molde que menos compuesto acaba: la canción disco/electrónica "Are you sorry?" produce la curiosa sensación de que escritura e interpretación hubieran sido delegadas en un androide determinado a imitar --en inglés y con actitud de malo-- a un Cuevas buscando venganza.
Pero también hay momentos de luz. En varias esquinas del disco el chileno abandona las máquinas y las guitarras eléctricas --y, con ello, hasta sus manierismos al micrófono-- por la paz de una guitarra acústica. Entonces su música suena, al fin, fresca y auténtica. Es el caso de la delicada "Háblame", donde los versos no buscan la rima fácil y Cuevas logra misterio e intimidad; o "No me queda nada", que parece grabada en el suelo de un living, donde todo es tan silencioso y frágil que hasta hay espacio para que se escuche de fondo ruido de grillos y de un auto que pasa por la calle. Es sobre esa alfombra donde quisiéramos que Beto Cuevas enfrente su miedo escénico componiendo y cantando. --
José Simián