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Dávila 666: "Dávila 666"

16 de Septiembre de 2008

musica/photos/stylus/39155-davila_666_200.jpg
Productores: AJ Dávila y Sir Charles Dávila
Sello: In The Red Records (2008)


El debut estadounidense del quinteto puertorriqueño Dávila 666 (tras un debut autoproducido en 2006) suena como la música de fondo de una desordenada fiesta en que salen a la pista de baile varias fórmulas de rock and roll. Entre una canción y otra, los boricuas se prueban los disfraces de los Stooges, los MC5 o los Velvet Underground.
 
De esa invocación cuasi religiosa, los Dávila 666 emergen, alternativamente, bien y mal parados. Así, en las pistas en que la ansiedad por estar a la altura de sus poderosas influencias los hacen extremar la distorsión y la actitud rockera ("El lobo" o "Callejón", por nombrar algunas) el resultado es poco feliz, rozando accidentalmente la parodia. Pero cuando los boricuas destilan la verdadera lección espiritual de sus padres sonoros –-que la actitud no nace de la preocupación, que el ruido necesita ir de la mano del ingenio o la melodía–-  sí dan en el blanco. Por ese camino, en "Basura" un riff de dos acordes crea una de las canciones más pegajosas del disco; en "Bla bla bla", los coros "yu-hu" coronan una melodía tan simple como irresistible; y en "Dímelo ya" una guitarra irreverente y el ritmo de palmas no tienen nada que envidiarle a los grandes éxitos de la Invasión Británica.

Esa ansiedad por serle fiel al espíritu rockero empaña también el sonido del disco. Tal como las canciones saltan de un modelo musical a otro, la producción alterna entre distintas combinaciones de lo-fi, presumiblemente intentando emular los vinilos que inspiran a la banda. Y si bien el truco logra a veces el ambiente necesario para la nostalgia, en algunas canciones, como en "Oh Baby", la mueca es llevada a un extremo que hace casi imposible distinguir la melodía enterrada bajo la distorsión y la estática. (Afortunadamente, "Oh Baby" parece perfectamente olvidable).

Sumando y restando, cuando la fiesta llega a su fin y las luces comienzan a prenderse, el balance es feliz. En "Nueva localización", la canción que cierra Davila 666, las máscaras han sido dejadas de lado. La voz de Sir Charles Dávila y la guitarra de Johny Otis Dávila bailan lentamente, sin preocuparse siquiera de encontrar la nota correcta. Y sale el sol. -- José Simián


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Dávila 666: "Dávila 666"

16 de Septiembre de 2008

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Productores: AJ Dávila y Sir Charles Dávila
Sello: In The Red Records (2008)


El debut estadounidense del quinteto puertorriqueño Dávila 666 (tras un debut autoproducido en 2006) suena como la música de fondo de una desordenada fiesta en que salen a la pista de baile varias fórmulas de rock and roll. Entre una canción y otra, los boricuas se prueban los disfraces de los Stooges, los MC5 o los Velvet Underground.
 
De esa invocación cuasi religiosa, los Dávila 666 emergen, alternativamente, bien y mal parados. Así, en las pistas en que la ansiedad por estar a la altura de sus poderosas influencias los hacen extremar la distorsión y la actitud rockera ("El lobo" o "Callejón", por nombrar algunas) el resultado es poco feliz, rozando accidentalmente la parodia. Pero cuando los boricuas destilan la verdadera lección espiritual de sus padres sonoros –-que la actitud no nace de la preocupación, que el ruido necesita ir de la mano del ingenio o la melodía–-  sí dan en el blanco. Por ese camino, en "Basura" un riff de dos acordes crea una de las canciones más pegajosas del disco; en "Bla bla bla", los coros "yu-hu" coronan una melodía tan simple como irresistible; y en "Dímelo ya" una guitarra irreverente y el ritmo de palmas no tienen nada que envidiarle a los grandes éxitos de la Invasión Británica.

Esa ansiedad por serle fiel al espíritu rockero empaña también el sonido del disco. Tal como las canciones saltan de un modelo musical a otro, la producción alterna entre distintas combinaciones de lo-fi, presumiblemente intentando emular los vinilos que inspiran a la banda. Y si bien el truco logra a veces el ambiente necesario para la nostalgia, en algunas canciones, como en "Oh Baby", la mueca es llevada a un extremo que hace casi imposible distinguir la melodía enterrada bajo la distorsión y la estática. (Afortunadamente, "Oh Baby" parece perfectamente olvidable).

Sumando y restando, cuando la fiesta llega a su fin y las luces comienzan a prenderse, el balance es feliz. En "Nueva localización", la canción que cierra Davila 666, las máscaras han sido dejadas de lado. La voz de Sir Charles Dávila y la guitarra de Johny Otis Dávila bailan lentamente, sin preocuparse siquiera de encontrar la nota correcta. Y sale el sol. -- José Simián
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